Razones para estudiar y usar los Principios del Diseño Universal

(El autor agradece la revisión y crítica realizada por Gloriana Anchetta Meza y Yansin Barboza Robles).

El Diseño Universal es una filosofía del diseño, la construcción y la producción que tiene sus raíces en la antigüedad clásica, si bien su mayor desarrollo intelectual se alcanza con el surgimiento paradigmático de las teorías holistas del conocimiento del siglo XX, como la Teoría General de Sistemas.

Su objeto más conocido es el desarrollo de bienes y entornos (escenarios y hábitats) de fácil control y acceso para la mayor cantidad de personas posible, sin necesidad de adaptarlos o rediseñarlos de un modo especial. Resuelve los problemas planteados por productos y ambientes con una visión holista, partiendo de la idea de la diversidad humana e incluyendo atributos de accesibilidad para personas con discapacidad. Además, tiene en cuenta la imagen y el mercadeo de los productos, para que estos, además de ser accesibles, sean conocidos y convincentes para todo el rango de consumidores.

Un propósito central del Diseño Universal es simplificar el aprendizaje y la consecución de objetivos y tareas mediante el desarrollo de productos, servicios y entornos más simples, elegantes y económicos, fáciles de usar por todas las personas con poco esfuerzo.

A continuación, se expone un conjunto de razones para utilizar los Principios del Diseño Universal en la producción de materiales didácticos en la educación a distancia. Las tres primeras se asocian a cada uno de los elementos del nombre PRINCIPIOS UNIVERSALES del DISEÑO.

  1. Todas las cosas (objetos, formas, entidades) que se conciben y se plasman con la intención de propiciar, conducir, adiestrar y difundir (entre otros) la conducta finalista de los individuos son objetos del DISEÑO.

El ejemplo más sencillo viene de David Perkins (1989). Perkins analizaba la función del destornillador y del filo de un cuchillo como respuestas racionales específicas, filo para cortar o punta adaptada para aflojar o apretar un tornillo, girándolo. El resto son derivados del diseño (eficiente): arriba y abajo, mango para sostener (y su ergonomía, por supuesto), resistencia y agotamiento de los materiales, etcétera.

  1. En la Sociedad del Conocimiento y de la Información, una de las consecuencias más evidentes es la transacción de todos (todos) los objetos culturales entre todos los grupos humanos (las excepciones son, por supuesto, excepciones). En la transición hacia la sociedad moderna, lo anticipaba hace muchos años Talcott Parsons (1951), en los pares de variables analíticas, las identificadoras del cambio social pasan por la especificidad, la neutralidad afectiva, el desempeño y el universalismo.

La sociedad en la que crecimos, en la que vivimos y desarrollamos todas nuestras redes de relaciones son las sociedades más amplias imaginables. Incluso, gracias al concepto de virtualización y sus efectos, ahora no es extraño sentirse miembro de comunidades que comparten pensamientos y emociones con decenas de miles de congéneres distribuidos en todos los continentes.

Hace apenas unos treinta o cuarenta años, el contexto en que se moldeaban nuestros alumnos era local. Quizás incluía el barrio, la familia (que abarcaba abuelos, tíos y primos), el grupo de compañeros del salón de clase en la escuela de la comunidad, y todos pertenecían a la misma pandilla dentro de la cual intercambiaban cajetillas de cigarrillos o cromos, iban al mismo cine el domingo por la tarde y veían “otra” película mexicana.

Hoy, lo opuesto es lo UNIVERSAL. Todo está interconectado y las conductas que determinan las nuestras se dan en la “red”, en el “mercado”, en la “tele” y en el “reality show”. Los papeles de diseñador y consumidor se intercambian. Esencial a la universalidad es la interacción del consumidor con “sus” fuentes (redes y estructuras de medios en general).

  1. Por otro lado, cuando se habla de PRINCIPIOS, se advierte de inmediato que no se trata de leyes con riguroso valor preceptivo. Son normas sin imperio. El valor de estos “principios” radica en su difusión, en que han sido descritos en numerosos ambientes y situaciones, en que sus características se repiten con alto grado de predictibilidad. Su potencial interpretativo y descriptivo cuenta con una heurística propia que los hace ubicuos y visibles en todos los entornos (el entorno).

Los Principios del Diseño Universal son aplicables a cualquier producto en cualquier contexto, incluyendo servicios profesionales, programas de cursos, multimedia y páginas web, museos, centros de tutoría y aprendizaje mediado, muestras, exhibiciones, conferencias, casas, oficinas, computadoras y aparatos de cocina. Su validez no aspira a ser universal, su pertinencia se discierne como universal.

  1. Los Principios del Diseño Universal proveen a todos esos objetos la facultad de satisfacer las necesidades de usuarios potenciales con un amplio abanico de características.

La difusión actual de los Principios Universales del Diseño se ha visto favorecida por el uso masivo en los programas de adaptación de recursos y contextos educativos a las poblaciones con necesidades diferenciadas para el aprendizaje. Propio de esta filosofía del diseño, son las características que propician el uso en caso de necesidades especiales, incluyendo la garantía de que tienen aplicabilidad para todas las poblaciones, con toda la diversidad de habilidades.

El efecto resultante se denomina efecto igualador o generador de equidad. Un objeto de diseño, como un programa editor de textos o una página web, que se aborde fundamentado en los “principios”, habría de reconocer y adaptarse a las reacciones de los usuarios y debería resultar accesible a toda la población mediante la incorporación de correctores de luz, color y texto y, deseablemente, con lectores de pantalla en voz alta y otros recursos similares.

  1. La economía del diseño. Un aporte destacado de los “principios” es medible en términos de tiempo (en diseño y en uso o usabilidad). En concreto, cabe enumerar algunas de las características esenciales:
    1. Flexibilidad: adaptabilidad a un amplio espectro de habilidades y de preferencias individuales.
    2. Sencillez: los diseños creados son simples y fáciles de leer o interpretar mediante la intuición y los recursos asociados (como las metáforas gráficas).
    3. Accesibilidad: resultan productos y objetos fáciles de entender, más allá de la experiencia y las destrezas del usuario.
    4. Reducción o minimización de errores como efecto estadístico de la universalidad de los “principios”.
    5. Redundancia y manejo eficaz de la información: por ejemplo, videoclases que se reproducen en ambientes ruidosos, pero que son provistas de subtitulado o de la traducción en lenguajes para sordos.
    6. Mejoras ergonómicas (y reducción del esfuerzo físico): manejo del espacio (en papel, en habitaciones), mejora de los accesos, uso de recursos automáticos (puertas, mouseover).

Estas no son todas las ventajas o características positivas del Diseño Universal, pero el conjunto enumerado contempla las más evidentes y las que mejor han contribuido a su aceptación y uso exitoso.

Literatura utilizada

Lidwell, W., Holden, K. y Butler, J. (2011) Principios Universales de Diseño. Barcelona: Blume.

Perkins, D.N. (1985). Conocimiento como Diseño. Bogotá: Pontificia Universidad Javeriana.

Talcott Parsons (1951). The Social System. London: Routledge & Kegan (New edition first published 1991 by Routledge)

von Bertalanffy, L. (1976). Teoría general de los sistemas. México, D.F.: Fondo de Cultura Económica.

 

hipocorísticos y apodos moravianos

Los hipocorísticos (del griego “acariciando con el nombre”) y por extensión, muchos apócopes, aféresis (pérdida de un sonido) y diminutivos del nombre propio, no son apodos. Un apodo es un segundo nombre que se da a una persona, como caricatura o metáfora de sus defectos corporales, de su conducta o de circunstancias similares.

Memén no es un apodo, es el hipocorístico de José Manuel.

Pepe y Josepe, lo son de José. Como Pepe Solís o Pepe Chacón o Josepe Ferlini.

Chico, Paco, Quico y, por supuesto, Coqui, corresponden a formas cariñosas de referirse a los que se llaman Francisco, como Toti, José Francisco Otárola.

Yeyo y Yeyín son los Arcelios (Solís) y, en ese mismo barrio, Yemo corresponde a Luis Guillermo. Billo a Ovidio Ortíz.

Maqui es Marco Antonio; Mino, Herminio; Polo, Hipólito.

Tista es (Juan) Bautista. Nando o Nano, Fernando. Tuto o Turo, Arturo. Toño, Antonio. Chus o Chuzo corresponden a Jesús.

Maro es Amado, como Ángel Amado Marín. Melico y Viro son algunos más difíciles de identificar. Pilo y Pilín (como Pilín Vega) deberían venir del masculino Pilar.

También se da en las mujeres: Chayo por Rosario, Tere por Teresa (como Tere Arguello), Caro por Carolina, Maru por María Eugenia. Cari (de Caridad) creo que era tía de Bosco Valverde.

Algunos motes cariñosos, aunque parecen apodos no lo son. Aunque se basen en características físicas muchas veces solo son un refuerzo de la relación familiar, como algunos maridos que solo por el hecho de serlo se convierten en “Gordo”, aunque sean flacos. A Jorge Díaz le dicen Ñato porque tiene la nariz aplastada por numerosos golpes, pero también le dicen así a Gilbert Cordero, a quien adorna un apéndice exuberante.

En las esquelas mortuorias se publican a veces sobrenombres que no tienen relación de pertenencia: Ibo, Ito, Tato, Abu, Tita. Esos no son apodos. Uno que es hipocorístico, e interesante, se lo escuché a los nietos de Julián Castro: Papilián.

Largo y empinado camino para convenir un Código de Ética

La preocupación por la ética en el Partido Liberación Nacional ha estado presente desde su fundación; sin embargo, no es sino hasta su más reciente Asamblea Nacional (19-10-15) que el PLN llega a aprobar formalmente un Código de Ética y Disciplina.

Una definición simple de lo que se entiende por ética, nos ayuda a distinguir mejor en qué consiste la aspiración y las condiciones que se le atribuyen. En este contexto se entiende por ética un modelo de conducta partidaria que abarca tanto el comportamiento del adherente como ciudadano común, como sus manifestaciones, decisiones y actos en el ejercicio de cargos dentro del Partido y en el Gobierno.

Utilizar tal definición —o una similar—, facilita no caer en confusiones o discusiones filosóficas, a veces peregrinas, sobre las diferencias entre moral y deontología.

El modelo no es definitivo, pero tampoco se trata de que esta ética sea arbitraria o en el extremo relativista. Lo que sucede es que la práctica política en la democracia es cada vez más exigente. Cada vez más, la sociedad civil espera determinada conducta de sus representantes y sus conductores. Dentro de los fenómenos de cambio propios de un mundo abierto e informado, se conforma y prevalece una sociedad más preocupada y consciente de lo moral.

En los orígenes, la idea de la ética partidaria se identificaba principalmente por su relación con la vida ciudadana y la democracia. Por su nacimiento vinculado con el combate a la corrupción, a la manipulación y el fraude electorales, al tráfico de influencias y a los sistemas de cacicazgo, la vida partidaria se concebía como una prescripción del compromiso, la responsabilidad y la honestidad. José Figueres decía “Nuestra ética demanda solidaridad y altruismo.” (El Hombre Justo, Miami, 1952).

Más adelante, don Pepe reiteraba: “La Democracia es una concepción optimista del ser humano: presupone que el hombre es un ente moral, capaz de educarse, de gobernarse, de vivir en sociedad conservando su dignidad individual, de acatar sus propias leyes y de encauzar su vida hacia lo alto. La Democracia es así una profesión de fe en el hombre común.” (Cartas a un Ciudadano, 1955).

Daniel Oduber justificaba, al mismo tiempo que criticaba fuertemente, las formas de la institucionalidad. Tenía una profunda fe en el Estado de Derecho y en la nueva legislación electoral, en los que distinguía la paternidad así como la responsabilidad del PLN. Y en su discurso defendía, por encima de todo, la urgencia de la educación cívica como materia obligatoria en la educación media y en la universitaria, para que se hiciera responsable de los contenidos asociados con esa amplia idea de la ética ciudadana en democracia. La suya era una ética del compromiso: no hay que rehuir las responsabilidades, hay que fomentar la fe en la institucionalidad; y, dentro de ella, especialmente, debe fortalecerse el sistema de partidos. Todo, incluido el futuro de la democracia política, lo enmarcaba en el respeto a los derechos humanos. (Raíces, passim).

Para Oduber la vida en el partido era esencial. Conocía y criticaba las estructuras electorales, pero entendía mejor que todos, su indispensabilidad. Desaprobaba los cacicazgos, pero sabía que dependía de ellos y aspiraba a mejorarlos mientras los utilizaba. Sobre todo, era claro su menosprecio al oportunismo y a los cálculos personales.

Durante muchos años, el Partido vivió en un medio en que la mejor representación de esa ética, así como la relacionada con la conducta personal de partidarios y dirigentes, se recogía en el Estatuto (hoy está vigente, con numerosas modificaciones, el adoptado en 1994). Muchos compañeros, algunos de ellos hoy ausentes de las filas del Partido, escribieron a lo largo de los años sobre la necesidad de asumir una posición más comprometida, integral, que cubriera los aspectos institucionales y su relación con la vida democrática, tanto como la conducta individual en la cotidianeidad partidaria. Recordamos, entre otros, a Eugenio Rodríguez V., J. M. Corrales, O. Solís, R. Churnside, L. G. Solís.

El punto de inflexión o, por lo menos el hito definitivo en la búsqueda de un manual que perfeccionara el Estatuto, resulta de los acuerdos adoptados en mayo de 2002, en la memorable Asamblea General realizada en el antiguo Salón El Nopal, en Desamparados. Ese fue un momento especial: después de una pérdida inesperada de las elecciones nacionales, las autoridades del Partido se reunieron para realizar un examen de conciencia profundo. Se renovaron los cuadros y, como parte central de la autocrítica, se acordó la redacción de un código de ética a cargo de la Comisión Política Nacional de Restructuración. El nuevo Comité Ejecutivo, encabezado por la Presidenta Ana Gabriela Ross y el Secretario General L.G. Solís, aceptó personalmente el reto. Marielos Sancho asumió en el 2003 la penosa sustitución de Ana Gabriela, incluyendo la publicación del documento.

Pronto se integró una comisión redactora del Código. Ese, que fuera publicado en el 2003 y luego aprobado por el Congreso Nacional Daniel Oduber, en mayo del 2005, ha establecido el “piso” en el que se han cimentado los trabajos ulteriores. En este punto cabe un reconocimiento franco a quienes asumieron las tareas de investigación y preparación del documento que ha venido a cumplir las funciones paradigmáticas en el proceso. Al coordinador y al subcoordinador de la “Subcomisión Redactora”, Alexander Mora Mora y Ángel Edmundo Solano, respectivamente; a todos su miembros, Rodolfo Silva, Rufino Gil Pacheco, Nelson Loaiza S., Jimmy Saturnino Fonseca y, especialmente, a Raquel Rochwerger, quien ha mantenido desde siempre una relación comprometida con el mejoramiento de estos instrumentos así como con el papel y la vigencia del Tribunal de referencia.

En el Congreso Daniel Oduber, la conducción general de los trabajos llevada a cabo por Leonardo Garnier, el compromiso de diversos grupos para la mejora del Estatuto, la presencia de Óscar Nuñez, nuevo Secretario General, hicieron posible la discusión de todas estas temáticas en forma abierta. Nuñez, precisamente, menciona en su discurso las tareas realizadas por Alexander Mora y su equipo, Leonardo y la Secretaría de Planes y Programas y también al grupo La Isla “por su compromiso” y su vocación orientada “a reflexionar sobre la vida partidaria”.

Hoy, la ética en el Partido es una ética de la naturaleza de la participación política, congruente con los derechos electorales, pero políticamente más ambiciosa. De los políticos, de los ciudadanos en el partido propio, de los jerarcas oficiales, designados y electos, de todos, se espera una conducta enmarcada por la buena fe, la búsqueda del bien común y la honradez. Y de los partidos políticos democráticos, una misión ética, un compromiso de conducir a las sociedades al logro de las más altas finalidades dentro de un marco de valores morales que incluye, en primer lugar, la equidad, la igualdad en derechos y deberes, la libertad, la justicia social, la solidaridad y la paz.

Es en ese marco que se ha venido reiterando insistentemente la necesidad de la aprobación definitiva y la puesta en práctica del Código de Ética y Disciplina. Carlos Revilla ha sido el promotor insistente de un discurso con tales intenciones. En ese apostolado ha contado siempre con la simpatía y el apoyo del grupo La Isla. En ocasión de las tareas para la organización del actual Congreso Nacional (en curso en 2015), el Presidente del Partido, don José María Figueres y junto a él, el responsable de las tareas propias del Congreso, Fernando Berrocal, han escuchado a Revilla y al grupo en cuestión y decidieron, hace aproximadamente unos seis meses, darle a La Isla el cometido de revisar y actualizar el proyecto del Código.

Varias personas hicieron aportes puntuales valiosos, como Alex Solís y las autoridades ya mencionadas. Rachel Rochwerger y Carolina Delgado hicieron aportes integrales por escrito. Las observaciones de todos los liberacionistas han sido tomadas en cuenta en el documento que al final resultó aprobado.

Sin embargo, el peso de la revisión profunda de la redacción así como la renovación de la perspectiva, recayó en el Grupo La Isla. Los miembros de este grupo son: José León Desanti, Manuel Carballo, Carlos Revilla, Rosita Argüello, Patricia Picado, Marietta Ureña, Yayo Vicente, Luis Bernal Montes de Oca, José Manuel Peña, Luis Fernando Acuña, Lina Barrantes, Fernando Soley, Julián Solano, Jorge Urbina, Miguel Rodríguez y quien escribe estas líneas. Todos hemos contribuido en diversas formas y proporciones. Ahora solo puedo sentirme orgulloso y agradecido con el grupo que hizo posible este logro y que no solo facilitaron mis tareas de coordinador, sino que reflejaran lo mejor de cada uno de ellos.

(En el grupo La Isla se distribuyen las tareas de coordinación en razón de la naturaleza e interés de los asuntos bajo discusión. Usualmente el coordinador de debates es don Manuel Carballo, ahora Presidente del Tribunal de Ética y Disciplina del Partido.)

 

Vinos caros o vinos baratos

A veces recibo mensajes de lectores o amigos quienes me preguntan cuándo y cómo espero actualizar la página web de los vinos que se toman en Costa Rica http://www.guiascostarica.com/vinos/index.html. Incluso en algunos de los grupos de estudio o de las diversas aficiones en los que participo, se me reclama que porqué no escribo el reporte de las degustaciones que hacemos entre amigos. Lo primero, claro, es que no es tan fácil: exige trabajo, hay que hacerlo en forma diligente y comedida; no cabe arriesgarse a dar una opinión que podría encauzar de manera equivocada las decisiones de otros o incluso dar información sobre el producto de alguna empresa o distribuidor que podría poner en entredicho su negocio. Los Vinos que se toman en Costa Rica, en su versión impresa y en la Red, exigió más de un año de trabajo: entrevistas a más de setenta personas, participantes en distintas etapas o áreas de la comercialización y el disfrute del vino, así como documentar las observaciones en los supermercados y en los restaurantes, ser parte de numerosos tours de degustación en zonas productoras y, lo más importante, mantener activa siempre la percepción de que no se trataba de hacer un tratado definitivo de enología ni de mercadeo, sino exclusivamente un documento de apoyo para los estudiantes de gastronomía y turismo, utilizando una base informativa básica, discreta, que no aspirara a reflejar el conocimiento universal sino las principales tendencias en un mercado modesto.

Lo otro es que el factor determinante del disfrute tanto como de la decisión de comprar cierta uva o cierta cosecha, es el gozo personal; en el ámbito más subjetivo, si cabe usar esta expresión, cada persona tiene y manifiesta sus preferencias, las que, a su vez, dependen de factores culturales, económicos, de educación e incluso fisiológicos. A algunos les gustan los vinos más secos, a otros los dulces, o los vigorosos o los apacibles, o los blancos en vez de los tintos. Y esto son solo las primeras gradas de una compleja espiral de factores y criterios que se suman para definir las preferencias.

Y bueno, esta larga introducción solo tiene el cometido de informar que finalmente he aceptado compartir algunas ideas sobre los vinos que tomamos, aunque prefiero más bien, tal vez adoptando la escuela de Natalie MacLean, hablar de temas amplios y comprensivos, que permiten ir incluyendo en ellos las ideas sugeridas por uno u otro vino.

El tema en este caso, tiene que ver con una pregunta recurrente: ¿tomar vinos caros o baratos? Mi impresión es que no existe una relación entre las variables precio y calidad que sea absolutamente consistente. En la práctica, hay vinos de precio muy cómodo que son buenísimos, aunque hay que reconocer que casi todos los vinos caros son igualmente buenos. Esto me lleva a un eclecticismo que coincide con las ideas sobre el gusto individual que comentara arriba: a mi gustan mucho, muchos vinos.

Hace unos días Lucía Camacho y Rodrigo Castro nos invitaron a comer con ellos en su casa. ¡Qué excepcional cuchara la de Lucía! Primero fueron unas machas a la parmesana en cazuelitas de barro, luego un coctel de camarones y, para terminar, un postre de queso con salsa de vinagre balsámico.

Yo me encargué de llevar una botella. Quisimos compartir con ellos algo del gusto de los vinos que tomamos con María Luisa en Turín y entonces escogí un SUOI Barbera d’ Alba 2006 (La Morra, Piamonte, Italia). Es un vino sencillo, sin grandes pretensiones, tinto pero cristalino, con aroma penetrante de frutas (berries) y algo de la madera de los barriles; al probarlo se siente presencia del alcohol, pero descansa suave en la boca y compaginaba perfectamente con el fuerte gusto del parmesano y el marisco. Es un vino que en diversas degustaciones ha recibido alrededor de 89 o 90 puntos, aunque no es ni cercanamente un gran Barbera.

Pero lo que quiero enfatizar es que este vino se portó muy bien, cumplió con todo lo que esperábamos de él. Y nos resultó una satisfactoria relación calidad/precio. La variación en los precios es notable; hay lugares donde se consigue por US$ 20, aunque se ha visto vender arriba de US$ 34.

Hay muy buenos vinos que se encuentran en el orden de los US$ 40 a 50 (de 20 a 30.000 colones en Costa Rica). Durante las últimas semanas, hemos apreciado un Stratus 2007 (Canadá), un Rioja Darien 2001 y un Priorat Solanes 2001. La del 2001 parece haber sido una cosecha de excepcional calidad en prácticamente todas las latitudes. Estos tres vinos los encuentro calificables del B+ al B–.

El Stratus Red 2007 (Stratus Wines, Niagara-on-the-Lake, Ontario, Canada) es un vino con algo de roble, pero muy balanceado, no frutal, muy seco, no demasiado suave; las uvas predominantes son Cabernet Sauvignon y Cabernet Franc, lo que a veces llaman una mezcla Bordeaux, con algo de merlot y otras uvas. Los conocedores opinan que merece un puntaje arriba de 90 y usan palabras muy altisonantes para describirlo: opulento, con cuerpo, aromático (banano y canela) y recomiendan beberlo entre 2012 y 2019, aunque alguno dice que hay que esperar hasta 2025. Natalie MacLean sugiere tomarlo ya. Su precio es alrededor de US$ 45.

El Priorat Solanes 2001 (Cooperativa Agrícola de Porrera, Priorat, Cataluña, España) es un vino con sabor a tierra, cuero y frutas oscuras, al que diversos degustadores ubican alrededor de 90 puntos. Nos advierten que habría que consumirlo al filo de 2010 y, sin embargo, lo tomamos en 2011 ¿nos habremos perdido algo? Este es un vino de US$ 50 en Barcelona, pero algunas añadas andan en US$ 25 y otras arriba de US$ 300. Muchas veces no se aprecia gran diferencia en las vendimias, así que la variación en precio podría ser un efecto del mercadeo en el extranjero.

El Darien Rioja 2001 Crianza (Bodegas Darien, Logroño, La Rioja, España) es hecho con uva tempranillo, pero para que no resulte pobre en acidez y azúcar, se agregan pequeños porcentajes de mazuelo, garnacha, merlot y otras uvas. Tanto al gusto como al olfato se perciben aromas de frutas rojas y algún sabor fuerte a tierra o cuero. La cosecha del 2001 es un poquito más cara que las más recientes (de US$ 40 a US$ 13, en promedio). Comparado con los dos anteriores, este no resultó demasiado glamoroso; al contrario un poquito desabrido al gusto.

Al mismo tiempo, en las reuniones de los jueves, uno de cuyos propósitos es disfrutar de vinos variados, hemos compartido varias botellas de origen más modesto (vinos de 5000 colones, que en Chile se encuentran entre US$ 5 y 8). Dos de ellas vale la pena mencionar: Sunrise Carmenere 2010 y Emiliana Reserva Carmenere 2008.

El último (Emiliana, Colchagua, Chile) lo descubrimos almorzando con D. Alex Romero en un restaurante familiar en el Centro de comidas Antares. Desde el primer momento nos sorprendió su relación calidad precio, la que además prueba ser consistente, pues igualmente apreciable han resultado otras añadas y otros perfiles (no solo el Reserva). Es de olor y color profundos y al gusto se percibe lleno, un poquito más que el merlot, y deja en la boca algo de madera, fresas y hierbas fragantes.

Yayo Vicente acostumbra llevar los jueves algunos enlatados (salmón, mejillones y anchoas) y estos vinos rojo profundo, con suavidad y aromas de frutas similar al merlot son muy apropiados para el ahumado, la sal y el picante de los mariscos.

El Sunrise Carmenere 2010 (Concha y Toro, Valle Central, Chile) recuerda la textura y el aroma de otro carmenere de la misma casa, el Frontera Carmenere 2005, que se hiciera tan reconocido que hoy es fácil encontrar de la misma etiqueta los años 2004 y de 2006 a 2009, pero nunca el 2005.

Ambos vinos, el Sunrise y el Emiliana recibieron medallas de oro en el Concurso Mundusvini, realizado en Alemania en 2010. No en balde, el segundo se ha visto vender en la Red en un precio varias veces superior al originalmente marcado.

En esas reuniones de los jueves hemos organizado diversas degustaciones. Una transversal de malbecs argentinos nos condujo a conclusiones muy similares a las que hemos reseñado en esta ocasión. Repasemos: vinos de precio medio bajo como el Stratus 2007 y el Priorat Solanes 2001 confirmaron lo esperado, son excelentes; mientras tanto el Rioja Darien 2001 todavía quedó en deuda. Sin embargo, vinos económicos, como las dos variedades de carmenere (Chile) reseñadas, demostraron una atractiva relación calidad/precio.

Las empresas editoriales universitarias

Como estudiante de ciencias sociales en la década de los años 70, tuve acceso a uno de los libros –un librito de escasas 120 páginas, en realidad– que más me han impresionado –y ayudado– en relación con el manejo de las categorías como construcciones con un contenido epistemológico determinado. No recuerdo alguna otra obra que en la subdisciplina Investigación en Ciencias Sociales, me haya aportado tanto. Se trata de Las Categorías del Desarrollo Económico y la Investigación en Ciencias Sociales, escrito por Don Pablo Gonzalez Casanova quien era, en esos días, Rector de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) o Director de su Instituto de Investigaciones Sociales. Posiblemente hay dos ediciones (1970 y 1977) y algunas reimpresiones. Fue editado por el Instituto y lleva el sello editorial de la UNAM.

Esa experiencia, sumada a mi práctica como librero, me enseñó que las universidades cuentan con un espacio de privilegio en la producción de textos y al mismo tiempo, con una responsabilidad nacional inexcusable en relación con su calidad y su impacto en el desarrollo social y económico de las naciones.

Un efecto inmediato, para mí, fue comprobar el potencial que poseía la gran universidad mexicana para hacerlo desde una posición de liderazgo y de respeto. Pero algo específico que llamaba la atención era la singular estructura de su empresa editorial. Lo primero es que se trataba de una empresa grande, organizada, competente y notablemente descentralizada. Las funciones técnicas y administrativas se concentraban en un núcleo conductor y regulador, mientras la producción intelectual –científica, teórica y aplicada– se distribuía en las áreas académicas. En algún momento, más tarde, tuve la curiosidad de contar las dependencias con autonomía y responsabilidad para la producción editorial y –todavía cabe sorprenderse– superaba la centena, incluyendo direcciones, facultades, escuelas, institutos y algunos otros programas diversos. Esta descentralización favorecía la abundancia de iniciativas académicas así como la riqueza resultante en la oferta educativa de la universidad, aunque lo más notable era que todos esos proyectos convergían bajo el sello común de la editorial y se sometían a la disciplina unitaria en aspectos vitales de la imagen, el mercadeo y la comercialización.

Las primeras editoriales universitarias importantes surgieron en las grandes universidades originarias. En Inglaterra, por ejemplo, las universidades de Cambridge y de Oxford asocian buena parte de su prestigio a la existencia común de proyectos para la difusión tanto como para la producción del pensamiento. Sus empresas a cargo de aquel cometido, Cambridge y Oxford University Press se ven y se describen a sí mismas como editoriales de textos universitarios. Ambas, sin embargo, se encuentran entre los impresores más destacados de diccionarios y de biblias; y publican libros de arte, astronomía y geografía que compiten con las ediciones más depuradas de las empresas más reconocidas en el mundo, con numerosas ilustraciones de excepcional calidad, impresas en los papeles más finos (con la textura, la absorbencia y el brillo adecuados para la lectura y la manipulación) protegidas por encuadernaciones y empastes celosamente elaborados a mano con cartones y telas también escogidos.

Apenas dos años después de establecerse la imprenta en Inglaterra, en 1478, fue publicado el primer libro en Oxford. Entonces y a lo largo de muchas décadas, la Universidad dependió de impresores privados hasta que, en 1586, después de un decreto del Parlamento, Carlos Primero le otorgó a la Universidad el derecho a imprimir todo tipo de libros.

La consolidación de la empresa se fue acelerando y ya hacia 1680 se distinguía la disposición organizacional que caracteriza a Oxford University Press hoy día. Algunos de los aprendizajes derivados de esa iniciativa que sobreviven hoy son, primero, el “valor editorial” de las obras de gran mercado (bestsellers) que en este caso se ilustra con la longeva Biblia de la Iglesia de Inglaterra (King James Authorized Bible). Otro es el carácter académico del Consejo Editorial de la empresa editorial universitaria; los delegados, que así se llaman, bajo la presidencia del Vice-Canciller de la Universidad son responsables de todo el programa editorial. Este consejo de delegados académicos nombra un Comité de Finanzas, que tiene funciones de junta directiva, así como al jefe o director ejecutivo de la empresa.

Oxford University Press perdura como un departamento de la Universidad y su misión no difiere de los objetivos de esta: buscar la excelencia en la investigación, la docencia y la educación mediante la publicación de amplia cobertura.

En Cambridge University Press existe un cuerpo denominado the Press Syndicate, que es la instancia superior de gobierno, formada por dieciocho miembros, uno de cuyos cometidos es la aprobación formal de las decisiones editoriales. El Jefe Ejecutivo de la empresa, acompañado por dos comités integrados por los representantes de las áreas académicas, reporta directamente a dicho cuerpo colegiado.

Una sola editorial, una editorial académica

Como consecuencia de considerar todos esos antecedentes, se me ponía cuesta arriba justificar el aparente desorden que en este campo tenemos en la Universidad Estatal a Distancia (UNED, Costa Rica). Las dos condiciones de calidad imperantes en los tres ejemplos comentados arriba son:

–      una sola editorial con un único consejo editorial para la Universidad.

–      un consejo editorial constituido por personal académico de la Universidad.

Y ninguna de ellas ha logrado ser discutida a fondo, y, menos aún, implementada en la UNED.

Recordemos que la función social de la UNED, su razón de ser, tal como se expresa en la Ley y en su estatuto, es proveer de educación superior a los grupos sociales menos favorecidos en el acceso. Por eso, la naturaleza específica de la educación a distancia y el modelo de entrega de la docencia construido histórica y culturalmente en la UNED, pasa por la preparación de libros diseñados ex profeso. Se trata de las unidades didácticas impresas, cuya fortaleza radica en la identificación de las necesidades de los estudiantes y en la mediación de los contenidos en función de esas necesidades.

Todos los otros medios son complementarios y responden a una estrategia esencialmente de fortalecimiento y redundancia, aunque también a una estrategia específica de medios. Todos los contenidos se basan en una expresión escrita del texto. El éxito histórico del modelo de la UNED radica en el potencial que han significado sus libros de texto, por su universalidad, por su inmediatez, por su accesibilidad económica –ahora incluido el costo en la matrícula–.

Entretanto, los libros que no producen resultados económicos satisfactorios y que se convierten en lastre en la contratación de bodegaje externo adicional, son aquellos que no son diseñados ni producidos como unidades didácticas. Y eso sucede en nuestra UNED con mayor frecuencia de la que desearíamos. Porque esas exitosas y pertinentes unidades didácticas (libros de texto) son producidas por la oficinas académicas, cátedras, editores y filólogos especializados, mientras que los otros libros, mal llamados “de línea editorial” resultan de las decisiones de un Consejo Editorial externo a la Universidad, formado por sobresalientes intelectuales, pensadores y escritores, quienes lamentablemente no entienden ni tienen compromiso de ninguna naturaleza con las finalidades sociales ni con los programas docentes de la Universidad.

Lo deseable sería que todos los libros que se editan y eventualmente se imprimen, aunque sean obras de literatura u otro diferente carácter, tengan algún grado de relación con la academia y sobrelleven, además, el proceso meticuloso de la edición profesional de calidad.

La UNED debería contar con una sola editorial, una editorial académica. Su justificación y sus objetivos de producción deberán ser siempre, primero que todo, la producción de unidades didácticas y otros materiales destinados a su uso en los cursos ofrecidos por la Institución. Esta editorial de la Universidad sería dirigida por un Consejo Editorial único y con una política editorial unitaria y coherente. El Consejo de la Editorial-UNED debe ser un consejo académico. Sus orígenes y adscripción, así como sus preocupaciones deben ser académicos. La comunidad intelectual nacional podría estar representada, pero esta condición no habría de ser indispensable.

La Editorial-UNED puede producir otras obras distintas de las unidades didácticas, pero ellas deberán estar íntimamente ligadas a los programas de formación. Por ejemplo, dentro de sus funciones propias e inexcusables se encontrará la producción del texto de “Literatura” (Nivel uno, o dos; universal o costarricense; española o inglesa; etcétera); igualmente, sin traicionar sus propósitos, podría editar e imprimir los textos, novelas, ensayos y otros, que requiera la materia (por ejemplo: cuentos de Magón, la Odisea, o la colección de artículos N de la Revista X, e incluso la Revista X entera si se concibe como monográfica).

Obras de otra naturaleza o seleccionadas con otros propósitos (extensión o servicio social) solo se harían por excepción, cuando haya excedentes de recursos de la producción editorial.

La política editorial deberá estar orientada por un conjunto de valores ampliamente compartidos en el claustro (y deben ser fomentados desde las instancias docentes).

Primero que todo, se dispondría de una ética editorial que podría incluir como valores la búsqueda de la verdad; el reconocimiento de ideas divergentes en temas polémicos y el derecho a la disidencia; el respeto a la representación y el reconocimiento social de las minorías; la protección y el uso racional de los recursos naturales escasos (hay un largo etcétera, que debe ser objeto de elaboración metódica). El respeto por los derechos humanos, la democracia social, la solidaridad y otros valores políticos de similar significado en nuestra cultura se reflejarán no solo en los textos que produzcamos, sino también en el proceso que adoptemos para alcanzarlo.

Igual importancia deberá ostentar la preocupación por la calidad. Se entiende por producción de calidad aquella que promueve la edición de textos escritos correctamente, sin faltas de ortografía, gramaticalmente correctos, bien impresos y con las ilustraciones oportunas y pertinentes, textos que se sometan regularmente a procesos de evaluación y validación, que superen las condiciones externas de acreditación universitaria y profesional.

Desde la perspectiva técnica, la editorial tendrá que responder a las oportunidades y a las demandas de la sociedad de la información: cabrá aprovecharse de todas las ventajas de la digitalización, en especial en cuanto a diseño, de manera que a los estudiantes se les brinden materiales que incorporen las ventajas del diseño integral, desde el diseño curricular hasta el diseño (gráfico) de salida.

Finalmente, un elemento central de la calidad de la producción editorial pasa, hoy, por la integración de procesos a partir de la integración de equipos de trabajo interdisciplinarios. Un consejo editorial único para una empresa nutrida con estos propósitos, con una política editorial académica de carácter amplio pero convergente en la universidad misma, es la mejor garantía de cohesionar tanto la gente como las finalidades. Grupos humanos colaborando, integrados, motivados por su identificación y por la lealtad hacia principios comunes es una apuesta indispensable para la supervivencia significativa de las universidades en este siglo.

Talento y educación

Francis Edgerton fue compañero de estudios en la secundaria y además en la banda, donde ambos tocábamos saxofón.

José León Desanti ha sido durante los últimos siete u ocho años, uno de los mejores amigos que he encontrado. En esos años hemos compartido dos actividades que solo son posibles en medio de gran respeto a las individualidades y de una camaradería típica habitual de los grupos primarios: hemos sido parte de un grupo abierto de estudios políticos y, coincidentemente, de apreciación enológica. José León también fue compañero en la banda del colegio, donde tocaba trompeta.

Cuando se presentó la oportunidad, en diciembre pasado, de volver a visitar a Francis en Canadá, al comentarlo con José León, quedamos en que le transmitiría su saludo. Francis y su esposa Luz Amelia, costarricenses de origen, así como sus hijos, son fabulosos anfitriones, desprendidos, amables, generosos, te abren siempre un pedacito de Costa Rica en su casa y en su corazón. Tienen una cabaña en medio de la nieve, a poco más de dos horas al norte de Ottawa, junto al lago Cayamant y allá llegamos nuestro pequeño grupo para compartir, ambas familias, los buenos deseos, los buenos vinos y las excelentes comidas propias de la Navidad.

Yo disfruté mucho el excelente vino (Viña Pérez Cruz, Cabernet Sauvignon Reserva 2009, Valle del Maipo. Chile) que había seleccionado Lucy, la hija de ellos (Frank ha dejado de tomar vino hace años). Y aproveché la oportunidad para hablar de vinos y de los amigos.

Como era de esperar, la primera reacción de Frank fue “No, no me acuerdo de José León”. Más tarde, mientras acomodaba la leña en la estufa, me dijo que estaba recordando, que José León, que iba unos dos o tres años delante de nosotros en sus estudios, era segunda trompeta y que una vez se había enfrentado al Director de la banda, Don Tobías Sanabria, golpeando el instrumento contra la pared o el atril. Esta anécdota que parece insignificante, tiene un trasfondo que retrata la personalidad, la agudeza y la inteligencia de Francis. El sigue siendo músico y trabaja en ese campo todavía, y había recurrido de manera natural a reconstruir en su memoria la identidad musical de José León (su posición en la banda) para llegar a identificarlo.

Yo alguna vez fui saxofón segundo y recuerdo lo difícil que era para alguno poco ducho como yo, el poder interpretar una música que no era la melodía (la tonada fácil y característica, muy notoria en las marchas militares y colegiales). La segunda voz contribuía a la armonía. Y había algunos instrumentos en la banda, como el corno francés, que en nuestro colegio eran cuatro, que eran, todos ellos, solo armonía. Y con qué brillo sonaban esos acordes; algunos de los excelentes músicos del grupo tocaban el primero y el segundo cornos: Guido Boncompagni y Francisco Quesada.

Frank fue siempre de los mejores. Algunos leíamos algo de música, él, tenía además lo que se llama “oído”. El oía toda la banda; tal vez mejor que el Director. Siempre sabía cuan perdidos andábamos los otros saxofones… y se reía. Por eso fue que para él, acordarse José León era un proceso de recorrido musical de la banda y ubicar el instrumento que tocaba, como haciendo un mapa de personas a partir de su “cédula” musical.

Francis emigró a Canadá poco después de concluir sus estudios en Penn State y casarse. Antes realizó algunos trabajos como ingeniero; estuvo en Corning Glass cuando se investigaban los vidrios para las naves espaciales por cuenta de la NASA y trabajó en las investigaciones para desarrollar los aceites sintéticos para motores en Quaker State. Pero cuando formulaba su solicitud para ingresar a Canadá, en la misma Oficina de Migración le recomendaron que se describiera por su ocupación alternativa “afinador de pianos”. Y es desde entonces el más afamado afinador de pianos (de nuestro mundo…), arregla y vende pianos, ha diseñado y construido maquinarias especiales para moverlos y repararlos. En Ottawa, su establecimiento “Do Re Mi Piano” es una referencia segura.

Frank es un maestro. Aunque es músico y disfruta la interpretación libre, como jazzista, cree en la planificación, es paciente y ordenado. Sus hijos han heredado de él las dotes musicales, pero han aprendido de él el sacrificio y la disciplina del trabajo metódico. Sin embargo no son solo pianistas, ambos son ingenieros, Andrew trabaja en una planta de energía nuclear en Ontario y Lucy, quien además estudió educación, ahora se ha habilitado como maestra en una escuela secundaria en el norte de British Columbia.

Frank sabe enseñar, se sienta y te explica. Tiene especial habilidad para relacionar el conocimiento teórico con su aplicación a la vida cotidiana; por ejemplo cómo se controla el rendimiento de una estufa de leña a partir de la cantidad del oxígeno de la habitación que consume. En su cabaña en medio de la nieve, aunque utiliza la calefacción central para impedir que se congelen las tuberías de agua (4 grados), para mantener el clima estable en las habitaciones utiliza solo las estufas de leña. Sin humo, sin hollín. Como ingeniero mecánico y como ingeniero de materiales, entiende el funcionamiento de las chimeneas y sabe cuál es la madera cuya combustión es más eficiente y segura. Es un ingeniero que, como decía mi papá, es más que eso, es ingenioso.

Francis explica usando metáforas. Cuando describe su trabajo en la experimentación con los aceites sintéticos, recurre al ejemplo de los detergentes. Describe cómo son las moléculas de los distintos aceites y porqué su forma determina de cierto modo la distribución en los cilindros del motor. A veces parece que dibuja con sus manos, casi puede verse cuando hace el símil y compara las moléculas del jabón y las del aceite, diciendo “tienen huequitos –en su estructura– que es donde se recoge la suciedad”. Cuando habla de las manos jabonosas, y se las frota, nos evoca un recuerdo viejo, de las épocas de la banda: Frank frunciendo los labios, fingiendo chupar un limón, para provocar que se nos suavizara la embocadura y se nos hiciera penoso tocar el sax o la trompeta.

 

 

Siete pecados capitales

Recuerdo la lista de los siete pecados capitales porque tuve que aprendérmelos en el Catecismo y luego, de nuevo, en la secundaria, cuando leía a Dante (La Divina Comedia). Por último, una espeluznante película de David Fincher “Seven” (1995) –con Morgan Freeman, Kevin Spacey, Gwyneth Paltrow yBrad Pitt– los desmenuza con escrupulosidad y con morbo, y se nos vuelve ya casi imposible el olvidarlos: lujuria, pereza, gula, ira, envidia, avaricia y soberbia.

No debo dejar en el tintero que mamá también se vivía advirtiéndonos contra ellos, en especial contra la pereza “la madre de todos los vicios”, decía. La pereza, o mejor la acedia como se conocía en el lenguaje de San Antonio eremita, se consideraba especialmente perniciosa porque la falta de ocupación favorecía la inclinación hacia los placeres carnales y claro, a los adolescentes había que aleccionarlos y evitar que se extasiaran con su sexualidad.

Por supuesto que entonces no se conocía mucho de la sicología sobre las coincidencias entre el ocio y la creatividad, o sobre la necesidad del manejo del ocio en las relaciones laborales y otras estructuras de la producción intelectual. En los tiempos actuales se habla de la necesidad social del hedonismo y del ocio productivo. También ahora se aceptan como normales muchas de las conductas y valoraciones sobre la sexualidad que antes eran objeto de ostracismo y vergüenza.

Aunque no se establecía con rigurosidad, si recuerdo que en el Carreño (Manuel Antonio Carreño, Manual de Urbanidad, Caracas, 1853) había alguna referencia a la gula que la interpretaba más allá del consumo desmedido e incontrolado de comida y bebida, pues prevenía contra cualquier forma de exceso. En eso, hoy habría que incluir muchas adicciones y vicios, como el tabaco y otras drogas. Así que, a la larga, la verdadera madre de todos los vicios resulta ser la gula y no la pereza.

En la época de las festividades de diciembre, estos son pensamientos que forzosamente nos visitan, porque gozamos de numerosos placeres, no solo comida y bebida, sino espectáculos, viajes, fiestas familiares, más tiempo para leer o simplemente holgar. Aprovechando las últimas vacaciones, mi esposa Maru y yo, después de disfrutar uno de los conciertos navideños de la New York Pops Orchestra, salimos del Carnegie Hall caminando por Broadway y tropezamos con un restaurante francés, de esos poco formales (brasserie o cervecería), con una amplia terraza climatizada y con un menú popular y no muy caro. Se trata de Maison, situado en la esquina de Broadway y la Calle 53, con una vista espléndida de Time Square hacia un lado y el Parque Central Park hacia el otro.

Maru pidió los moules-frites (literalmente “mejillones-papas fritas”, que deberían entenderse mejor como mejillones con papas fritas y no mejillones fritos). Se trataba de mejillones a la provenzal (“todos los que pueda comer”), cocidos al vapor con vino blanco, tomate, cebolla, pimientos rojos –parecido a nuestro chile’dulce– y hierbas frescas. Vienen estos mejillones de la Isla Príncipe Eduardo en Canadá, que es el país líder en la industria de exportación de estos mariscos cultivados.

Yo ordené el confit de canard (conserva de pato), que es la pierna del pato salada, hervida y conservada en su propia grasa. Su preparación es una vieja tradición de Gascuña que consiste en frotar las piernas de aves o cerdo con sal y ajo, para luego ponerlas al horno –cubiertas con la grasa derretida– a baja temperatura por varias horas. Luego se limpia y se envuelve en la grasa de nuevo para envasarla y conservarla en frío. A mí me lo sirvieron con un pastelillo volován (vol-au-vent) o milhojas relleno de pato confitado.

Maru acompañó su comida con un Kir Royal, un coctel a base de champagne y licor de grosellas –creme de cassis– que se toma muy frío. En el restaurante Maison había una diversidad de mimosas, y aunque a Maru le gustan mucho distintas preparaciones de grosellas negras, nunca había saboreado esta conocida bebida francesa.

Y yo me encontré (y disfruté enormemente) con mis siete pecados capitales.

Se trata de un vino que lleva ese nombre (o algo muy parecido) “7 Deadly Zins” por seven deadly sins. Yo ya había leído el nombre, sabía que era popular y buscado, aunque es más bien barato (entre 12 y 17 dólares por botella). También sabía que Robert Parker algún año le había otorgado 90 puntos y que en otras evaluaciones y degustaciones se ubicaba arriba en los 80s. La sorpresa gratísima fue encontrarlo allí y utilizarlo para acompañar mi pato. Lo primero que hay que decir aunque parezca redundante es que es un Zin o Zinfandel, una de las más consolidadas variedades californianas. Al gusto produce una sensación de llenura completa, es corpulento, con olor y sabor a fruta que recuerda ciruelas, pasas, melocotones, albaricoques y moras con algún toque de vainilla y nuez moscada. Resulta que la referencia al número siete en su nombre tiene más que un sentido propagandístico o metafórico, pues se trata de una mezcla de uvas de siete viñedos de la región de Lodi en el Valle Central de California, y entiendo que se le agregan pequeñas cantidades de Petite Sirah y Petite Verdot, que tienen ambos la virtud de añadir taninos, lo que se percibe como aroma, color y fuerza. A pesar de que es envejecido por doce meses en barriles de roble americano y francés, no tiene prácticamente ningún rastro de olor o sabor a maderas, como pasa con algunos riojas.

No tengo duda de que es uno de esos vinos que dan más en gusto que lo que uno espera por lo que paga por ellos. Seguramente que de eso trata la definición de la gula: es tanto el deleite que es a veces difícil contenerse.

(7 Deadly Zins, Zinfandel, 2008, Michael & David Phillips, Graton, Ca.)

New York, 20 de diciembre de 2011

La eficiencia es una categoría ideológica

Publicado el 17 de mayo de 2006. Revisado en agosto 2011.

Yo no sé si puedo ser caracterizado como político. Si lo soy, ciertamente no soy uno exitoso, por lo menos con los términos con que usualmente se mide el éxito en nuestros partidos. Pero, de verdad, toda mi vida he participado en la vida política en numerosas y variadas posiciones. Y en eso, muchas veces, para diferenciarme de los que no lo son, me he definido como político socialista.

Además, tampoco creo que los títulos universitarios sean lo único que caracteriza a una persona, pero como dentro de los programas de estudio que concluí en su momento, con una tesis de grado, está el de Ciencias Políticas en la UCR, otros o yo mismo, para ciertos eventos, podríamos decir que, en lo profesional, entro en la clase de los “politólogos”.

Explico estas condiciones porque es desde ellas que se puede elaborar una explicación de la eficiencia como categoría sin sesgo producido por la subjetividad. Es decir: voy a expresar mi opinión sobre la eficiencia como politólogo y como político socialista.

Sostengo que la eficiencia –el concepto, el modelo e incluso la palabra– es una categoría ideológica.

La eficiencia es una categoría ideológica propia de una visión de la economía que reduce la política a la economía y, por eso, exclusivamente por eso, por ser una palabra con sesgo y sin valor universal, el político responsable y el politólogo serio estamos obligados a encontrar criterios de funcionamiento de la sociedad que no la reduzcan y la encierren en aparatos conceptuales que hacen referencia, como en este caso, a competencia por bienes, a escasez, a precio, a costo, a objetividad y racionalidad, entre otros conceptos, base de una idea de la sociedad y la economía centrada en la preeminencia del mercado.

En el lenguaje de los políticos –de los políticos socialistas– esa palabra deberíamos proscribirla. Usarla es caer en la trampa de utilizar en nuestros argumentos el lenguaje (y la lógica) de la posición opuesta a la nuestra. Precisamente “nuestra verdad” es la verdad que defiende, como finalidad y como criterio, lo que quienes hablan de eficiencia, nos señalan y nos acusan como si fuera un defecto.

Para los socialistas modernos (y para los politólogos que los entienden) en el mundo actual las categorías siguen siendo: calidad de vida, equidad, disfrute, subsidio y muchos más, con esta carga ideológica propia, que reconoce su propia subjetividad y que reconoce en ella a los otros, a los demás, a todos, y no solo a los privilegiados y ricos, como aquellos que, como retrata el cantautor “eran hombres que nunca reían”.

Luis Fernando Díaz

El papel crítico y vigilante del Partido (frente a las proclamas que abanderan la “real politik”)

En los meses recientes (segundo semestre de 2011) han vuelto a aparecer en la mesa de discusión tres temas que parecen mostrar, obstinadamente, vigencia periódica, cuando no recurrencia.

El más notorio es la falta de acuerdo de algunos ministros con las preferencias de política pública anunciadas por la Presidenta, en el campo impositivo, por ejemplo. El más llamativo es la publicación de nuevos escándalos de corrupción en diversos espacios de autoridad ocupados por partidarios electos o designados. Y el más relevante es, sin duda, la preocupación y el activismo mostrados en las instancias partidarias para cumplir con la responsabilidad de la educación política.

Todos esos eventos obligan a reiterar planteamientos sobre la ética partidaria y social demócrata que hemos venido proponiendo en los últimos años.

Uno de los cometidos más importantes del Partido es la conducta crítica y vigilante del Gobierno. Este es un imperativo moral de carácter superior que no puede renunciarse. Nunca, en ningún partido, en ningún gobierno. La visión alternativa, especialmente si el gobierno ha sido electo por el mismo partido es, por definición, totalitaria.

La actitud y la conducta de algunos miembros del Partido, a los que otros se refieren despectivamente como “alfombras”, se caracteriza precisamente por desatender esta obligación y adoptar, en cambio, la posición de que todo lo que haga el gobierno está bien. La ecuación que hacen es simple: Chinchilla o Arias fueron electos por Liberación, por lo tanto, el gobierno respectivo es liberacionista (¡y es bueno!).  Pero, esa es una premisa falsa. Son dos premisas falsas.

Para muestra un botón: actualmente, como en 1986 o en 2006, muchos funcionarios designados no le deben lealtad a Liberación Nacional. Entonces y ahora, varios ministros y viceministros, no son ni han sido liberacionistas y, más bien, han patrocinado programas de otros partidos. Un ejemplo con indiscutible actualidad es el nombramiento de Rodrigo Madrigal Nieto como Canciller, por parte de Oscar Arias; se trataba del mismo que en 1978, cuando fue electo Presidente de la Asamblea Legislativa, se había decidido a perseguir liberacionistas, algunos de los cuales todavía hoy no los perdonan (a Madrigal y ni a Arias).

Este tipo de argumento no es una simple manifestación del rencor, como presumen algunos obsequiosos cortesanos. Los seres humanos inteligentes, en forma general, son capaces, primero, de reconocer la naturaleza y las fuentes de la subjetividad. Y, al mismo tiempo, de procurar separar esa influencia, admitiendo su existencia y su importancia. Para lo cual, el recurso de pensamiento es, como en este caso, descriptivo: la realidad está allí y puede confrontarse. Las interpretaciones son otra cosa.

Por ejemplo, en diversos foros del Partido Liberación ocasionalmente se han alabado las maravillas de “nuestra” Viceministra Amparo Pacheco, o de “nuestra” ministra Anabelle González. Ante lo cual, militantes ¡no resentidos, ni aspirantes a puestos públicos! han protestado, correctamente, verbalizando la categoría descriptiva: “esa señora no es liberacionista”.

El problema es que ciertos compañeros de viaje, especialmente quienes han descuidado sus estudios sobre la social democracia en sus fuentes, cuando enfrentan la evidencia de su razonamiento erróneo, se enojan y se rasgan las vestiduras y le echan la culpa de la crítica a “los resentimientos” “al fanatismo de –la campaña– del NO” y, como sugirió alguno, en cierta ocasión, a “las FARC”.

La actitud crítica correcta que debería propiciarse en los grupos de estudio del partido podría pasar por darle continuidad al trabajo de las secretarías y las comisiones; pero es claro que muchos ex colaboradores de ellas ahora no se sienten invitados a participar. Hay que recordar que en las últimas campañas, los aportes masivos y desinteresados a los programas de gobierno fueron obstaculizados, cuando no desechados. Caso notable el de la campaña de Arias, en que los trabajos de varios centenares de entusiastas colaboradores no pasaron del escritorio de Berrocal (sin que eso signifique que solo él tiene la culpa).

La idea del gobierno en la sombra (depositado, por ejemplo, en las comisiones del Partido) no es una idea buena solo para hacer oposición. Es una idea buena “para hacer mejor partido para hacer mejor gobierno”. Es una idea buena para procurar la coherencia ideológica, para crear y mantener una visión del largo plazo, para anticipar los grandes cambios. El gobierno tiene que resolver el día a día: la huelga de maestros y el cobro de los impuestos. El Partido debe ver las crisis de la supervivencia (del sistema, del país y, seguramente, de la especie, aunque no las resuelva).

Y, sin embargo, en el corto plazo, hay temas que demandan “manifestación”. La lista es larga (muy larga), pero algunas de las “cosas” hechas por el Gobierno, y por numerosos funcionarios, por idénticas razones a las que justifican esos hechos, requieren que la visión crítica se manifieste. En los últimos dos periodos, la política exterior es una de ellas. Las deplorables relaciones con Centroamérica, la designación perfunctoria de representantes diplomáticos, el pobre manejo de los juicios en La Haya; y, más atrás, el secretismo en los casos de China y Palestina, para salir con posiciones “real politik” frente a la “inocencia” o la “ingenuidad” del gobernado “amigo” de Israel y de Taiwán, requieren una explicación madura y seria, que trascienda el facilismo o peor, la justificación pecuniaria.

Dentro del Partido, con propósitos educativos, es indispensable que la racionalidad que orienta estos actos, sea explicada. En cuanto a China y Palestina, por ejemplo, sería interesante conocer el proceso de formación de la política, incluyendo la transparencia en cuanto al papel jugado por los embajadores (¿eran solo fichas?). Lo que Marcelo Prieto ha abanderado en Liberación Nacional (y muchos con seriedad lo han secundado) frente a la necesidad de una condena de China por las violaciones a los derechos humanos en Tíbet, es otro de los casos en que son ausentes las posiciones gubernamentales orientadas por principios.

Del Partido hacia el gobierno, en estos temas, lo que cabe es el reclamo permanente de coherencia y de explicación.

Comentario sobre las opiniones de Rodrigo Arias del 18 de setiembre de 2011

Comentario sobre las opiniones de Rodrigo Arias en el artículo denominado “Liberación Nacional los retos del futuro. La evolución pacífica del país exige cambios de fondo.” (Publicado en La Nación, 18 de setiembre de 2011, http://www.nacion.com/2011-09-18/Opinion/liberacion-nacional–los-retos-del-futuro-.aspx).

Rodrigo Arias expone seis propuestas, las que denomina ejes estratégicos, a manera de pronóstico y plan político sobre el futuro. En principio, sin hilar demasiado fino, estoy de acuerdo (habría que estar de acuerdo) con los puntos 2 y 4. Veamos:

“Dos, elevar la inversión en innovación científica y tecnológica hasta alcanzar, al menos, un dos por ciento del PIB.”

Esto parece correcto. Es estratégico y es urgente: mis únicas dudas son, primero, si contamos con estadísticas fiables que nos informen cuánto es lo que estamos invirtiendo ahora (que podría ser más), y, segunda, en qué. Y esto es vital, porque hace mucha falta una definición operativa de las “tecnologías (aplicadas) a la educación, la seguridad social y la producción”. Hoy las tecnologías de las que hablamos son todas suaves (Costa Rica no puede ni debe invertir en industria pesada, pero si en diseño, en programación, eningeniería electrónica, en ciencias de la información, etc. La excepción relevante es precisamente el punto 4).

“Cuatro, transformarnos en un país superavitario en generación de energía”. Y claro, este es el tema de nuestra industria pesada. La producción de energía eléctrica es el centro del asunto. Lo malo es que es una industria capital intensiva y ya el ICE (por ejemplo) ha sido debilitado en su capacidad tanto de endeudarse como de generar recursos propios. Pareciera que un listado de verdaderos proyectos es lo que más falta hace, especialmente cuando se piensa en ellos como cadena jerarquizada de valores.

Por ejemplo, muy atrás en la cadena 1- se requiere planificación (de verdad); 2- hay que mapear el territorio para proteger las fuentes de energía (agua en la montañas especialmente); entonces 3- transporte, 3.a. de carga, 3.b. urbano y de pasajeros. Es decir trenes de carga en el canal seco, trenes rápidos de frontera a frontera y ferrocarriles subterráneos urbanos, como pensábamos en algún momento en el gobierno de Daniel (1977), que debía orientarse Transmesa.

Parece fácil concordar con la propuesta número 6, cuando sostiene que “es necesario impulsar reformas políticas que eleven las capacidades de ejecución del Estado, la oportunidad de sus decisiones y la calidad de los servicios que brinda a la población”. Quién se atreve a dudarlo, pero el problema es que el frío no está en las cobijas. Muchas veces hemos concordado que en relación con la modernización del aparato estatal donde debe focalizarse es en la capacidad de supervisión de los jerarcas políticamente designados. Es decir el problema es que a los partidos, al nuestro, les faltan cuadros preparados intelectual y moralmente para hacer lo que hay que hacer, en especial vigilar el desempeño y la procura de las metas en el mediano plazo.

El tema 5 (“distribuir con equidad los frutos del crecimiento productivo. En los próximos años es esencial realizar una gran obra de movilidad social.”), aunque se queda como en los otros, en el ámbito de las aspiraciones, sin bajar al compromiso práctico, hay que reconocer que es el que más se parece a los inventarios de nuestras añoradas metas socialdemócratas, la equidad, la cobertura, la distribución, el combate a la pobreza. El inconveniente es que el autor evita comprometerse y no se involucra, entonces, con los problemas del trabajo, el empleo y el crecimiento. Y, si no lo hace, lo único que podrá repartir será más hambre y más pobreza.

Debo confesar que no me gusta nada su idea 3. En parte es un problema semántico y de interpretación en consecuencia, porque lo escribió en un solo párrafo seguido. Veamos: “Tres, profundizar la apertura comercial, dar mayor impulso a las inversiones nacionales y extranjeras, reforzar los vínculos entre el Estado, el sector privado y las organizaciones sociales; poner el énfasis en la competitividad de la economía, estimular el espíritu emprendedor y hacer que los medianos y pequeños empresarios -y los trabajadores- sean ganadores de la apertura comercial. Ciertamente, el eje transversal de estos esfuerzos es el respeto al medioambiente.”

De todo lo dicho en 3, concuerdo plenamente con la última línea: “Ciertamente, el eje transversal de estos esfuerzos es el respeto al medioambiente.”  Pero rechazo la visión que subordina todo el éxito económico a la apertura comercial. Si precisamente lo que hace falta es un equilibrio, un balance, entre las fuerzas de tal apertura que tiran hacia el enriquecimiento de los sectores abiertos y de las economías externas, con las urgencias de soporte, financiamiento, asistencia técnica y protección –en numerosos campos– que estrujan a los sectores internos de la economía. Va a ser inevitable que las estructuras de precios importadas establezcan los parámetros de nuestros mercados internos (en la ciudad de México, el precio del tomate y la naranja se toma de los mercados fuertes que compiten con aquella, California, Arizona, Texas). Pero precisamente por eso, hay que hablar de estímulo, de subsidios, de protección (a productores y a consumidores). Obviamente, no hay que ser demasiado inteligente para evidenciar la falacia de que el Estado y las organizaciones sociales comparten como finalidad la apertura comercial (sus beneficios) con los empresarios y los inversionistas extranjeros.

Y nos queda el tema uno. Parafraseando a una compañera del Grupo La Isla: “suficientemente grande como metida de patas para que no le creamos nada de lo que sigue”. El problema son las generalizaciones (y obviamente, la falta de compromiso programático), porque es inevitable concordar con “Uno, colocar a la educación de calidad en el primer lugar de la agenda pública”. Claro que todos deseamos que la educación sea la principal meta nacional y partidaria. Esa es la esencia de nuestro credo. Pero: ¿cuál educación? Y Rodrigo Arias nos dice: aquella “que desarrolle las capacidades y destrezas de cada niño y joven para que se incorporen al mundo del trabajo y de la producción”

Esta respuesta del artículo ronda lo trivial: enseñanza técnica, tecnologías e inglés… y continúo parafraseando: “se trata de procrear obreros para la industrias extranjeras, mucamas y mandaderos para la industria turística y, a lo más, ingenieros de proceso para empresas tipo INTEL”.

Lo peor (o lo triste) es que contamos en Liberación con el instrumental ideológico cabal para presentar una propuesta balanceada y coherente. Se trata, por supuesto, de la letra del Documento Final del Congreso Nacional Daniel Oduber Quirós. Una Costa Rica integrada por las oportunidades. En este se estipulan, primero, las grandes finalidades:

La educación, que es sin duda uno de los instrumentos fundamentales para esa construcción de un desarrollo incluyente, enfrenta hoy cuatro grandes retos. Un reto social, que consiste en hacer de la educación un instrumento eficaz para cerrar la brecha entre las clases sociales, crear nuevas oportunidades de ascenso social y suscitar la participación activa de todos en la solución solidaria de los problemas. Un reto económico, que consiste en que la educación haga posible que contemos con los recursos humanos idóneos para elevar la competitividad y productividad de la economía nacional de manera que nos podamos integrar exitosamente en la economía mundial. Un reto ético, para que la educación fortalezca aquellos valores y actitudes que le den a lo económico y lo social un sentido altruista, inspirador, incorruptible y humanista. Y un reto ecológico, para que la educación promueva y reproduzca un desarrollo que armonice las relaciones entre el ser humano y la naturaleza. (Párrafo 130).

Es decir, se trata de la social democracia: oportunidades para el desarrollo personal y el ascenso social; la educación en valores como la solidaridad, la frugalidad y el altruismo; la reducción de las brechas sociales y la inequidad; y, ciertamente, el uso respetuoso y reproductivo de los recursos naturales.

Igualmente, la educación se relaciona con el crecimiento económico y con la generación de riqueza. Pero, en forma balanceada con las finalidades expuesta en el párrafo 130. Esto, que coincide en algo –concedemos– con los planteamientos de Arias, no se propone en el aire, sino integrado a las verdaderas finalidades de la educación.

Si aspiramos a que la Costa Rica del futuro pueda competir en un mundo globalizado por algo más que el precio de su mano de obra, el país debe realizar, con urgencia, un esfuerzo masivo para invertir más recursos en la educación pública y para aumentar tanto su relevancia como su calidad. Las y los jóvenes del país necesitan tanto las oportunidades reales de completar su educación secundaria, como un conjunto de opciones diversas para continuar bien hacia una educación profesional o universitaria, bien hacia carreras u oficios técnicos que les permitan insertarse en el mercado laboral con empleos dignos, productivos y bien remunerados, en lugar de pasar a engrosar las filas del mal llamado sector informal, refugio usualmente permanente de la pobreza. (Párrafo 65).