Vinos caros o vinos baratos

A veces recibo mensajes de lectores o amigos quienes me preguntan cuándo y cómo espero actualizar la página web de los vinos que se toman en Costa Rica http://www.guiascostarica.com/vinos/index.html. Incluso en algunos de los grupos de estudio o de las diversas aficiones en los que participo, se me reclama que porqué no escribo el reporte de las degustaciones que hacemos entre amigos. Lo primero, claro, es que no es tan fácil: exige trabajo, hay que hacerlo en forma diligente y comedida; no cabe arriesgarse a dar una opinión que podría encauzar de manera equivocada las decisiones de otros o incluso dar información sobre el producto de alguna empresa o distribuidor que podría poner en entredicho su negocio. Los Vinos que se toman en Costa Rica, en su versión impresa y en la Red, exigió más de un año de trabajo: entrevistas a más de setenta personas, participantes en distintas etapas o áreas de la comercialización y el disfrute del vino, así como documentar las observaciones en los supermercados y en los restaurantes, ser parte de numerosos tours de degustación en zonas productoras y, lo más importante, mantener activa siempre la percepción de que no se trataba de hacer un tratado definitivo de enología ni de mercadeo, sino exclusivamente un documento de apoyo para los estudiantes de gastronomía y turismo, utilizando una base informativa básica, discreta, que no aspirara a reflejar el conocimiento universal sino las principales tendencias en un mercado modesto.

Lo otro es que el factor determinante del disfrute tanto como de la decisión de comprar cierta uva o cierta cosecha, es el gozo personal; en el ámbito más subjetivo, si cabe usar esta expresión, cada persona tiene y manifiesta sus preferencias, las que, a su vez, dependen de factores culturales, económicos, de educación e incluso fisiológicos. A algunos les gustan los vinos más secos, a otros los dulces, o los vigorosos o los apacibles, o los blancos en vez de los tintos. Y esto son solo las primeras gradas de una compleja espiral de factores y criterios que se suman para definir las preferencias.

Y bueno, esta larga introducción solo tiene el cometido de informar que finalmente he aceptado compartir algunas ideas sobre los vinos que tomamos, aunque prefiero más bien, tal vez adoptando la escuela de Natalie MacLean, hablar de temas amplios y comprensivos, que permiten ir incluyendo en ellos las ideas sugeridas por uno u otro vino.

El tema en este caso, tiene que ver con una pregunta recurrente: ¿tomar vinos caros o baratos? Mi impresión es que no existe una relación entre las variables precio y calidad que sea absolutamente consistente. En la práctica, hay vinos de precio muy cómodo que son buenísimos, aunque hay que reconocer que casi todos los vinos caros son igualmente buenos. Esto me lleva a un eclecticismo que coincide con las ideas sobre el gusto individual que comentara arriba: a mi gustan mucho, muchos vinos.

Hace unos días Lucía Camacho y Rodrigo Castro nos invitaron a comer con ellos en su casa. ¡Qué excepcional cuchara la de Lucía! Primero fueron unas machas a la parmesana en cazuelitas de barro, luego un coctel de camarones y, para terminar, un postre de queso con salsa de vinagre balsámico.

Yo me encargué de llevar una botella. Quisimos compartir con ellos algo del gusto de los vinos que tomamos con María Luisa en Turín y entonces escogí un SUOI Barbera d’ Alba 2006 (La Morra, Piamonte, Italia). Es un vino sencillo, sin grandes pretensiones, tinto pero cristalino, con aroma penetrante de frutas (berries) y algo de la madera de los barriles; al probarlo se siente presencia del alcohol, pero descansa suave en la boca y compaginaba perfectamente con el fuerte gusto del parmesano y el marisco. Es un vino que en diversas degustaciones ha recibido alrededor de 89 o 90 puntos, aunque no es ni cercanamente un gran Barbera.

Pero lo que quiero enfatizar es que este vino se portó muy bien, cumplió con todo lo que esperábamos de él. Y nos resultó una satisfactoria relación calidad/precio. La variación en los precios es notable; hay lugares donde se consigue por US$ 20, aunque se ha visto vender arriba de US$ 34.

Hay muy buenos vinos que se encuentran en el orden de los US$ 40 a 50 (de 20 a 30.000 colones en Costa Rica). Durante las últimas semanas, hemos apreciado un Stratus 2007 (Canadá), un Rioja Darien 2001 y un Priorat Solanes 2001. La del 2001 parece haber sido una cosecha de excepcional calidad en prácticamente todas las latitudes. Estos tres vinos los encuentro calificables del B+ al B–.

El Stratus Red 2007 (Stratus Wines, Niagara-on-the-Lake, Ontario, Canada) es un vino con algo de roble, pero muy balanceado, no frutal, muy seco, no demasiado suave; las uvas predominantes son Cabernet Sauvignon y Cabernet Franc, lo que a veces llaman una mezcla Bordeaux, con algo de merlot y otras uvas. Los conocedores opinan que merece un puntaje arriba de 90 y usan palabras muy altisonantes para describirlo: opulento, con cuerpo, aromático (banano y canela) y recomiendan beberlo entre 2012 y 2019, aunque alguno dice que hay que esperar hasta 2025. Natalie MacLean sugiere tomarlo ya. Su precio es alrededor de US$ 45.

El Priorat Solanes 2001 (Cooperativa Agrícola de Porrera, Priorat, Cataluña, España) es un vino con sabor a tierra, cuero y frutas oscuras, al que diversos degustadores ubican alrededor de 90 puntos. Nos advierten que habría que consumirlo al filo de 2010 y, sin embargo, lo tomamos en 2011 ¿nos habremos perdido algo? Este es un vino de US$ 50 en Barcelona, pero algunas añadas andan en US$ 25 y otras arriba de US$ 300. Muchas veces no se aprecia gran diferencia en las vendimias, así que la variación en precio podría ser un efecto del mercadeo en el extranjero.

El Darien Rioja 2001 Crianza (Bodegas Darien, Logroño, La Rioja, España) es hecho con uva tempranillo, pero para que no resulte pobre en acidez y azúcar, se agregan pequeños porcentajes de mazuelo, garnacha, merlot y otras uvas. Tanto al gusto como al olfato se perciben aromas de frutas rojas y algún sabor fuerte a tierra o cuero. La cosecha del 2001 es un poquito más cara que las más recientes (de US$ 40 a US$ 13, en promedio). Comparado con los dos anteriores, este no resultó demasiado glamoroso; al contrario un poquito desabrido al gusto.

Al mismo tiempo, en las reuniones de los jueves, uno de cuyos propósitos es disfrutar de vinos variados, hemos compartido varias botellas de origen más modesto (vinos de 5000 colones, que en Chile se encuentran entre US$ 5 y 8). Dos de ellas vale la pena mencionar: Sunrise Carmenere 2010 y Emiliana Reserva Carmenere 2008.

El último (Emiliana, Colchagua, Chile) lo descubrimos almorzando con D. Alex Romero en un restaurante familiar en el Centro de comidas Antares. Desde el primer momento nos sorprendió su relación calidad precio, la que además prueba ser consistente, pues igualmente apreciable han resultado otras añadas y otros perfiles (no solo el Reserva). Es de olor y color profundos y al gusto se percibe lleno, un poquito más que el merlot, y deja en la boca algo de madera, fresas y hierbas fragantes.

Yayo Vicente acostumbra llevar los jueves algunos enlatados (salmón, mejillones y anchoas) y estos vinos rojo profundo, con suavidad y aromas de frutas similar al merlot son muy apropiados para el ahumado, la sal y el picante de los mariscos.

El Sunrise Carmenere 2010 (Concha y Toro, Valle Central, Chile) recuerda la textura y el aroma de otro carmenere de la misma casa, el Frontera Carmenere 2005, que se hiciera tan reconocido que hoy es fácil encontrar de la misma etiqueta los años 2004 y de 2006 a 2009, pero nunca el 2005.

Ambos vinos, el Sunrise y el Emiliana recibieron medallas de oro en el Concurso Mundusvini, realizado en Alemania en 2010. No en balde, el segundo se ha visto vender en la Red en un precio varias veces superior al originalmente marcado.

En esas reuniones de los jueves hemos organizado diversas degustaciones. Una transversal de malbecs argentinos nos condujo a conclusiones muy similares a las que hemos reseñado en esta ocasión. Repasemos: vinos de precio medio bajo como el Stratus 2007 y el Priorat Solanes 2001 confirmaron lo esperado, son excelentes; mientras tanto el Rioja Darien 2001 todavía quedó en deuda. Sin embargo, vinos económicos, como las dos variedades de carmenere (Chile) reseñadas, demostraron una atractiva relación calidad/precio.

Las empresas editoriales universitarias

Como estudiante de ciencias sociales en la década de los años 70, tuve acceso a uno de los libros –un librito de escasas 120 páginas, en realidad– que más me han impresionado –y ayudado– en relación con el manejo de las categorías como construcciones con un contenido epistemológico determinado. No recuerdo alguna otra obra que en la subdisciplina Investigación en Ciencias Sociales, me haya aportado tanto. Se trata de Las Categorías del Desarrollo Económico y la Investigación en Ciencias Sociales, escrito por Don Pablo Gonzalez Casanova quien era, en esos días, Rector de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) o Director de su Instituto de Investigaciones Sociales. Posiblemente hay dos ediciones (1970 y 1977) y algunas reimpresiones. Fue editado por el Instituto y lleva el sello editorial de la UNAM.

Esa experiencia, sumada a mi práctica como librero, me enseñó que las universidades cuentan con un espacio de privilegio en la producción de textos y al mismo tiempo, con una responsabilidad nacional inexcusable en relación con su calidad y su impacto en el desarrollo social y económico de las naciones.

Un efecto inmediato, para mí, fue comprobar el potencial que poseía la gran universidad mexicana para hacerlo desde una posición de liderazgo y de respeto. Pero algo específico que llamaba la atención era la singular estructura de su empresa editorial. Lo primero es que se trataba de una empresa grande, organizada, competente y notablemente descentralizada. Las funciones técnicas y administrativas se concentraban en un núcleo conductor y regulador, mientras la producción intelectual –científica, teórica y aplicada– se distribuía en las áreas académicas. En algún momento, más tarde, tuve la curiosidad de contar las dependencias con autonomía y responsabilidad para la producción editorial y –todavía cabe sorprenderse– superaba la centena, incluyendo direcciones, facultades, escuelas, institutos y algunos otros programas diversos. Esta descentralización favorecía la abundancia de iniciativas académicas así como la riqueza resultante en la oferta educativa de la universidad, aunque lo más notable era que todos esos proyectos convergían bajo el sello común de la editorial y se sometían a la disciplina unitaria en aspectos vitales de la imagen, el mercadeo y la comercialización.

Las primeras editoriales universitarias importantes surgieron en las grandes universidades originarias. En Inglaterra, por ejemplo, las universidades de Cambridge y de Oxford asocian buena parte de su prestigio a la existencia común de proyectos para la difusión tanto como para la producción del pensamiento. Sus empresas a cargo de aquel cometido, Cambridge y Oxford University Press se ven y se describen a sí mismas como editoriales de textos universitarios. Ambas, sin embargo, se encuentran entre los impresores más destacados de diccionarios y de biblias; y publican libros de arte, astronomía y geografía que compiten con las ediciones más depuradas de las empresas más reconocidas en el mundo, con numerosas ilustraciones de excepcional calidad, impresas en los papeles más finos (con la textura, la absorbencia y el brillo adecuados para la lectura y la manipulación) protegidas por encuadernaciones y empastes celosamente elaborados a mano con cartones y telas también escogidos.

Apenas dos años después de establecerse la imprenta en Inglaterra, en 1478, fue publicado el primer libro en Oxford. Entonces y a lo largo de muchas décadas, la Universidad dependió de impresores privados hasta que, en 1586, después de un decreto del Parlamento, Carlos Primero le otorgó a la Universidad el derecho a imprimir todo tipo de libros.

La consolidación de la empresa se fue acelerando y ya hacia 1680 se distinguía la disposición organizacional que caracteriza a Oxford University Press hoy día. Algunos de los aprendizajes derivados de esa iniciativa que sobreviven hoy son, primero, el “valor editorial” de las obras de gran mercado (bestsellers) que en este caso se ilustra con la longeva Biblia de la Iglesia de Inglaterra (King James Authorized Bible). Otro es el carácter académico del Consejo Editorial de la empresa editorial universitaria; los delegados, que así se llaman, bajo la presidencia del Vice-Canciller de la Universidad son responsables de todo el programa editorial. Este consejo de delegados académicos nombra un Comité de Finanzas, que tiene funciones de junta directiva, así como al jefe o director ejecutivo de la empresa.

Oxford University Press perdura como un departamento de la Universidad y su misión no difiere de los objetivos de esta: buscar la excelencia en la investigación, la docencia y la educación mediante la publicación de amplia cobertura.

En Cambridge University Press existe un cuerpo denominado the Press Syndicate, que es la instancia superior de gobierno, formada por dieciocho miembros, uno de cuyos cometidos es la aprobación formal de las decisiones editoriales. El Jefe Ejecutivo de la empresa, acompañado por dos comités integrados por los representantes de las áreas académicas, reporta directamente a dicho cuerpo colegiado.

Una sola editorial, una editorial académica

Como consecuencia de considerar todos esos antecedentes, se me ponía cuesta arriba justificar el aparente desorden que en este campo tenemos en la Universidad Estatal a Distancia (UNED, Costa Rica). Las dos condiciones de calidad imperantes en los tres ejemplos comentados arriba son:

–      una sola editorial con un único consejo editorial para la Universidad.

–      un consejo editorial constituido por personal académico de la Universidad.

Y ninguna de ellas ha logrado ser discutida a fondo, y, menos aún, implementada en la UNED.

Recordemos que la función social de la UNED, su razón de ser, tal como se expresa en la Ley y en su estatuto, es proveer de educación superior a los grupos sociales menos favorecidos en el acceso. Por eso, la naturaleza específica de la educación a distancia y el modelo de entrega de la docencia construido histórica y culturalmente en la UNED, pasa por la preparación de libros diseñados ex profeso. Se trata de las unidades didácticas impresas, cuya fortaleza radica en la identificación de las necesidades de los estudiantes y en la mediación de los contenidos en función de esas necesidades.

Todos los otros medios son complementarios y responden a una estrategia esencialmente de fortalecimiento y redundancia, aunque también a una estrategia específica de medios. Todos los contenidos se basan en una expresión escrita del texto. El éxito histórico del modelo de la UNED radica en el potencial que han significado sus libros de texto, por su universalidad, por su inmediatez, por su accesibilidad económica –ahora incluido el costo en la matrícula–.

Entretanto, los libros que no producen resultados económicos satisfactorios y que se convierten en lastre en la contratación de bodegaje externo adicional, son aquellos que no son diseñados ni producidos como unidades didácticas. Y eso sucede en nuestra UNED con mayor frecuencia de la que desearíamos. Porque esas exitosas y pertinentes unidades didácticas (libros de texto) son producidas por la oficinas académicas, cátedras, editores y filólogos especializados, mientras que los otros libros, mal llamados “de línea editorial” resultan de las decisiones de un Consejo Editorial externo a la Universidad, formado por sobresalientes intelectuales, pensadores y escritores, quienes lamentablemente no entienden ni tienen compromiso de ninguna naturaleza con las finalidades sociales ni con los programas docentes de la Universidad.

Lo deseable sería que todos los libros que se editan y eventualmente se imprimen, aunque sean obras de literatura u otro diferente carácter, tengan algún grado de relación con la academia y sobrelleven, además, el proceso meticuloso de la edición profesional de calidad.

La UNED debería contar con una sola editorial, una editorial académica. Su justificación y sus objetivos de producción deberán ser siempre, primero que todo, la producción de unidades didácticas y otros materiales destinados a su uso en los cursos ofrecidos por la Institución. Esta editorial de la Universidad sería dirigida por un Consejo Editorial único y con una política editorial unitaria y coherente. El Consejo de la Editorial-UNED debe ser un consejo académico. Sus orígenes y adscripción, así como sus preocupaciones deben ser académicos. La comunidad intelectual nacional podría estar representada, pero esta condición no habría de ser indispensable.

La Editorial-UNED puede producir otras obras distintas de las unidades didácticas, pero ellas deberán estar íntimamente ligadas a los programas de formación. Por ejemplo, dentro de sus funciones propias e inexcusables se encontrará la producción del texto de “Literatura” (Nivel uno, o dos; universal o costarricense; española o inglesa; etcétera); igualmente, sin traicionar sus propósitos, podría editar e imprimir los textos, novelas, ensayos y otros, que requiera la materia (por ejemplo: cuentos de Magón, la Odisea, o la colección de artículos N de la Revista X, e incluso la Revista X entera si se concibe como monográfica).

Obras de otra naturaleza o seleccionadas con otros propósitos (extensión o servicio social) solo se harían por excepción, cuando haya excedentes de recursos de la producción editorial.

La política editorial deberá estar orientada por un conjunto de valores ampliamente compartidos en el claustro (y deben ser fomentados desde las instancias docentes).

Primero que todo, se dispondría de una ética editorial que podría incluir como valores la búsqueda de la verdad; el reconocimiento de ideas divergentes en temas polémicos y el derecho a la disidencia; el respeto a la representación y el reconocimiento social de las minorías; la protección y el uso racional de los recursos naturales escasos (hay un largo etcétera, que debe ser objeto de elaboración metódica). El respeto por los derechos humanos, la democracia social, la solidaridad y otros valores políticos de similar significado en nuestra cultura se reflejarán no solo en los textos que produzcamos, sino también en el proceso que adoptemos para alcanzarlo.

Igual importancia deberá ostentar la preocupación por la calidad. Se entiende por producción de calidad aquella que promueve la edición de textos escritos correctamente, sin faltas de ortografía, gramaticalmente correctos, bien impresos y con las ilustraciones oportunas y pertinentes, textos que se sometan regularmente a procesos de evaluación y validación, que superen las condiciones externas de acreditación universitaria y profesional.

Desde la perspectiva técnica, la editorial tendrá que responder a las oportunidades y a las demandas de la sociedad de la información: cabrá aprovecharse de todas las ventajas de la digitalización, en especial en cuanto a diseño, de manera que a los estudiantes se les brinden materiales que incorporen las ventajas del diseño integral, desde el diseño curricular hasta el diseño (gráfico) de salida.

Finalmente, un elemento central de la calidad de la producción editorial pasa, hoy, por la integración de procesos a partir de la integración de equipos de trabajo interdisciplinarios. Un consejo editorial único para una empresa nutrida con estos propósitos, con una política editorial académica de carácter amplio pero convergente en la universidad misma, es la mejor garantía de cohesionar tanto la gente como las finalidades. Grupos humanos colaborando, integrados, motivados por su identificación y por la lealtad hacia principios comunes es una apuesta indispensable para la supervivencia significativa de las universidades en este siglo.

Talento y educación

Francis Edgerton fue compañero de estudios en la secundaria y además en la banda, donde ambos tocábamos saxofón.

José León Desanti ha sido durante los últimos siete u ocho años, uno de los mejores amigos que he encontrado. En esos años hemos compartido dos actividades que solo son posibles en medio de gran respeto a las individualidades y de una camaradería típica habitual de los grupos primarios: hemos sido parte de un grupo abierto de estudios políticos y, coincidentemente, de apreciación enológica. José León también fue compañero en la banda del colegio, donde tocaba trompeta.

Cuando se presentó la oportunidad, en diciembre pasado, de volver a visitar a Francis en Canadá, al comentarlo con José León, quedamos en que le transmitiría su saludo. Francis y su esposa Luz Amelia, costarricenses de origen, así como sus hijos, son fabulosos anfitriones, desprendidos, amables, generosos, te abren siempre un pedacito de Costa Rica en su casa y en su corazón. Tienen una cabaña en medio de la nieve, a poco más de dos horas al norte de Ottawa, junto al lago Cayamant y allá llegamos nuestro pequeño grupo para compartir, ambas familias, los buenos deseos, los buenos vinos y las excelentes comidas propias de la Navidad.

Yo disfruté mucho el excelente vino (Viña Pérez Cruz, Cabernet Sauvignon Reserva 2009, Valle del Maipo. Chile) que había seleccionado Lucy, la hija de ellos (Frank ha dejado de tomar vino hace años). Y aproveché la oportunidad para hablar de vinos y de los amigos.

Como era de esperar, la primera reacción de Frank fue “No, no me acuerdo de José León”. Más tarde, mientras acomodaba la leña en la estufa, me dijo que estaba recordando, que José León, que iba unos dos o tres años delante de nosotros en sus estudios, era segunda trompeta y que una vez se había enfrentado al Director de la banda, Don Tobías Sanabria, golpeando el instrumento contra la pared o el atril. Esta anécdota que parece insignificante, tiene un trasfondo que retrata la personalidad, la agudeza y la inteligencia de Francis. El sigue siendo músico y trabaja en ese campo todavía, y había recurrido de manera natural a reconstruir en su memoria la identidad musical de José León (su posición en la banda) para llegar a identificarlo.

Yo alguna vez fui saxofón segundo y recuerdo lo difícil que era para alguno poco ducho como yo, el poder interpretar una música que no era la melodía (la tonada fácil y característica, muy notoria en las marchas militares y colegiales). La segunda voz contribuía a la armonía. Y había algunos instrumentos en la banda, como el corno francés, que en nuestro colegio eran cuatro, que eran, todos ellos, solo armonía. Y con qué brillo sonaban esos acordes; algunos de los excelentes músicos del grupo tocaban el primero y el segundo cornos: Guido Boncompagni y Francisco Quesada.

Frank fue siempre de los mejores. Algunos leíamos algo de música, él, tenía además lo que se llama “oído”. El oía toda la banda; tal vez mejor que el Director. Siempre sabía cuan perdidos andábamos los otros saxofones… y se reía. Por eso fue que para él, acordarse José León era un proceso de recorrido musical de la banda y ubicar el instrumento que tocaba, como haciendo un mapa de personas a partir de su “cédula” musical.

Francis emigró a Canadá poco después de concluir sus estudios en Penn State y casarse. Antes realizó algunos trabajos como ingeniero; estuvo en Corning Glass cuando se investigaban los vidrios para las naves espaciales por cuenta de la NASA y trabajó en las investigaciones para desarrollar los aceites sintéticos para motores en Quaker State. Pero cuando formulaba su solicitud para ingresar a Canadá, en la misma Oficina de Migración le recomendaron que se describiera por su ocupación alternativa “afinador de pianos”. Y es desde entonces el más afamado afinador de pianos (de nuestro mundo…), arregla y vende pianos, ha diseñado y construido maquinarias especiales para moverlos y repararlos. En Ottawa, su establecimiento “Do Re Mi Piano” es una referencia segura.

Frank es un maestro. Aunque es músico y disfruta la interpretación libre, como jazzista, cree en la planificación, es paciente y ordenado. Sus hijos han heredado de él las dotes musicales, pero han aprendido de él el sacrificio y la disciplina del trabajo metódico. Sin embargo no son solo pianistas, ambos son ingenieros, Andrew trabaja en una planta de energía nuclear en Ontario y Lucy, quien además estudió educación, ahora se ha habilitado como maestra en una escuela secundaria en el norte de British Columbia.

Frank sabe enseñar, se sienta y te explica. Tiene especial habilidad para relacionar el conocimiento teórico con su aplicación a la vida cotidiana; por ejemplo cómo se controla el rendimiento de una estufa de leña a partir de la cantidad del oxígeno de la habitación que consume. En su cabaña en medio de la nieve, aunque utiliza la calefacción central para impedir que se congelen las tuberías de agua (4 grados), para mantener el clima estable en las habitaciones utiliza solo las estufas de leña. Sin humo, sin hollín. Como ingeniero mecánico y como ingeniero de materiales, entiende el funcionamiento de las chimeneas y sabe cuál es la madera cuya combustión es más eficiente y segura. Es un ingeniero que, como decía mi papá, es más que eso, es ingenioso.

Francis explica usando metáforas. Cuando describe su trabajo en la experimentación con los aceites sintéticos, recurre al ejemplo de los detergentes. Describe cómo son las moléculas de los distintos aceites y porqué su forma determina de cierto modo la distribución en los cilindros del motor. A veces parece que dibuja con sus manos, casi puede verse cuando hace el símil y compara las moléculas del jabón y las del aceite, diciendo “tienen huequitos –en su estructura– que es donde se recoge la suciedad”. Cuando habla de las manos jabonosas, y se las frota, nos evoca un recuerdo viejo, de las épocas de la banda: Frank frunciendo los labios, fingiendo chupar un limón, para provocar que se nos suavizara la embocadura y se nos hiciera penoso tocar el sax o la trompeta.

 

 

Siete pecados capitales

Recuerdo la lista de los siete pecados capitales porque tuve que aprendérmelos en el Catecismo y luego, de nuevo, en la secundaria, cuando leía a Dante (La Divina Comedia). Por último, una espeluznante película de David Fincher “Seven” (1995) –con Morgan Freeman, Kevin Spacey, Gwyneth Paltrow yBrad Pitt– los desmenuza con escrupulosidad y con morbo, y se nos vuelve ya casi imposible el olvidarlos: lujuria, pereza, gula, ira, envidia, avaricia y soberbia.

No debo dejar en el tintero que mamá también se vivía advirtiéndonos contra ellos, en especial contra la pereza “la madre de todos los vicios”, decía. La pereza, o mejor la acedia como se conocía en el lenguaje de San Antonio eremita, se consideraba especialmente perniciosa porque la falta de ocupación favorecía la inclinación hacia los placeres carnales y claro, a los adolescentes había que aleccionarlos y evitar que se extasiaran con su sexualidad.

Por supuesto que entonces no se conocía mucho de la sicología sobre las coincidencias entre el ocio y la creatividad, o sobre la necesidad del manejo del ocio en las relaciones laborales y otras estructuras de la producción intelectual. En los tiempos actuales se habla de la necesidad social del hedonismo y del ocio productivo. También ahora se aceptan como normales muchas de las conductas y valoraciones sobre la sexualidad que antes eran objeto de ostracismo y vergüenza.

Aunque no se establecía con rigurosidad, si recuerdo que en el Carreño (Manuel Antonio Carreño, Manual de Urbanidad, Caracas, 1853) había alguna referencia a la gula que la interpretaba más allá del consumo desmedido e incontrolado de comida y bebida, pues prevenía contra cualquier forma de exceso. En eso, hoy habría que incluir muchas adicciones y vicios, como el tabaco y otras drogas. Así que, a la larga, la verdadera madre de todos los vicios resulta ser la gula y no la pereza.

En la época de las festividades de diciembre, estos son pensamientos que forzosamente nos visitan, porque gozamos de numerosos placeres, no solo comida y bebida, sino espectáculos, viajes, fiestas familiares, más tiempo para leer o simplemente holgar. Aprovechando las últimas vacaciones, mi esposa Maru y yo, después de disfrutar uno de los conciertos navideños de la New York Pops Orchestra, salimos del Carnegie Hall caminando por Broadway y tropezamos con un restaurante francés, de esos poco formales (brasserie o cervecería), con una amplia terraza climatizada y con un menú popular y no muy caro. Se trata de Maison, situado en la esquina de Broadway y la Calle 53, con una vista espléndida de Time Square hacia un lado y el Parque Central Park hacia el otro.

Maru pidió los moules-frites (literalmente “mejillones-papas fritas”, que deberían entenderse mejor como mejillones con papas fritas y no mejillones fritos). Se trataba de mejillones a la provenzal (“todos los que pueda comer”), cocidos al vapor con vino blanco, tomate, cebolla, pimientos rojos –parecido a nuestro chile’dulce– y hierbas frescas. Vienen estos mejillones de la Isla Príncipe Eduardo en Canadá, que es el país líder en la industria de exportación de estos mariscos cultivados.

Yo ordené el confit de canard (conserva de pato), que es la pierna del pato salada, hervida y conservada en su propia grasa. Su preparación es una vieja tradición de Gascuña que consiste en frotar las piernas de aves o cerdo con sal y ajo, para luego ponerlas al horno –cubiertas con la grasa derretida– a baja temperatura por varias horas. Luego se limpia y se envuelve en la grasa de nuevo para envasarla y conservarla en frío. A mí me lo sirvieron con un pastelillo volován (vol-au-vent) o milhojas relleno de pato confitado.

Maru acompañó su comida con un Kir Royal, un coctel a base de champagne y licor de grosellas –creme de cassis– que se toma muy frío. En el restaurante Maison había una diversidad de mimosas, y aunque a Maru le gustan mucho distintas preparaciones de grosellas negras, nunca había saboreado esta conocida bebida francesa.

Y yo me encontré (y disfruté enormemente) con mis siete pecados capitales.

Se trata de un vino que lleva ese nombre (o algo muy parecido) “7 Deadly Zins” por seven deadly sins. Yo ya había leído el nombre, sabía que era popular y buscado, aunque es más bien barato (entre 12 y 17 dólares por botella). También sabía que Robert Parker algún año le había otorgado 90 puntos y que en otras evaluaciones y degustaciones se ubicaba arriba en los 80s. La sorpresa gratísima fue encontrarlo allí y utilizarlo para acompañar mi pato. Lo primero que hay que decir aunque parezca redundante es que es un Zin o Zinfandel, una de las más consolidadas variedades californianas. Al gusto produce una sensación de llenura completa, es corpulento, con olor y sabor a fruta que recuerda ciruelas, pasas, melocotones, albaricoques y moras con algún toque de vainilla y nuez moscada. Resulta que la referencia al número siete en su nombre tiene más que un sentido propagandístico o metafórico, pues se trata de una mezcla de uvas de siete viñedos de la región de Lodi en el Valle Central de California, y entiendo que se le agregan pequeñas cantidades de Petite Sirah y Petite Verdot, que tienen ambos la virtud de añadir taninos, lo que se percibe como aroma, color y fuerza. A pesar de que es envejecido por doce meses en barriles de roble americano y francés, no tiene prácticamente ningún rastro de olor o sabor a maderas, como pasa con algunos riojas.

No tengo duda de que es uno de esos vinos que dan más en gusto que lo que uno espera por lo que paga por ellos. Seguramente que de eso trata la definición de la gula: es tanto el deleite que es a veces difícil contenerse.

(7 Deadly Zins, Zinfandel, 2008, Michael & David Phillips, Graton, Ca.)

New York, 20 de diciembre de 2011

La eficiencia es una categoría ideológica

Publicado el 17 de mayo de 2006. Revisado en agosto 2011.

Yo no sé si puedo ser caracterizado como político. Si lo soy, ciertamente no soy uno exitoso, por lo menos con los términos con que usualmente se mide el éxito en nuestros partidos. Pero, de verdad, toda mi vida he participado en la vida política en numerosas y variadas posiciones. Y en eso, muchas veces, para diferenciarme de los que no lo son, me he definido como político socialista.

Además, tampoco creo que los títulos universitarios sean lo único que caracteriza a una persona, pero como dentro de los programas de estudio que concluí en su momento, con una tesis de grado, está el de Ciencias Políticas en la UCR, otros o yo mismo, para ciertos eventos, podríamos decir que, en lo profesional, entro en la clase de los “politólogos”.

Explico estas condiciones porque es desde ellas que se puede elaborar una explicación de la eficiencia como categoría sin sesgo producido por la subjetividad. Es decir: voy a expresar mi opinión sobre la eficiencia como politólogo y como político socialista.

Sostengo que la eficiencia –el concepto, el modelo e incluso la palabra– es una categoría ideológica.

La eficiencia es una categoría ideológica propia de una visión de la economía que reduce la política a la economía y, por eso, exclusivamente por eso, por ser una palabra con sesgo y sin valor universal, el político responsable y el politólogo serio estamos obligados a encontrar criterios de funcionamiento de la sociedad que no la reduzcan y la encierren en aparatos conceptuales que hacen referencia, como en este caso, a competencia por bienes, a escasez, a precio, a costo, a objetividad y racionalidad, entre otros conceptos, base de una idea de la sociedad y la economía centrada en la preeminencia del mercado.

En el lenguaje de los políticos –de los políticos socialistas– esa palabra deberíamos proscribirla. Usarla es caer en la trampa de utilizar en nuestros argumentos el lenguaje (y la lógica) de la posición opuesta a la nuestra. Precisamente “nuestra verdad” es la verdad que defiende, como finalidad y como criterio, lo que quienes hablan de eficiencia, nos señalan y nos acusan como si fuera un defecto.

Para los socialistas modernos (y para los politólogos que los entienden) en el mundo actual las categorías siguen siendo: calidad de vida, equidad, disfrute, subsidio y muchos más, con esta carga ideológica propia, que reconoce su propia subjetividad y que reconoce en ella a los otros, a los demás, a todos, y no solo a los privilegiados y ricos, como aquellos que, como retrata el cantautor “eran hombres que nunca reían”.

Luis Fernando Díaz

El papel crítico y vigilante del Partido (frente a las proclamas que abanderan la “real politik”)

En los meses recientes (segundo semestre de 2011) han vuelto a aparecer en la mesa de discusión tres temas que parecen mostrar, obstinadamente, vigencia periódica, cuando no recurrencia.

El más notorio es la falta de acuerdo de algunos ministros con las preferencias de política pública anunciadas por la Presidenta, en el campo impositivo, por ejemplo. El más llamativo es la publicación de nuevos escándalos de corrupción en diversos espacios de autoridad ocupados por partidarios electos o designados. Y el más relevante es, sin duda, la preocupación y el activismo mostrados en las instancias partidarias para cumplir con la responsabilidad de la educación política.

Todos esos eventos obligan a reiterar planteamientos sobre la ética partidaria y social demócrata que hemos venido proponiendo en los últimos años.

Uno de los cometidos más importantes del Partido es la conducta crítica y vigilante del Gobierno. Este es un imperativo moral de carácter superior que no puede renunciarse. Nunca, en ningún partido, en ningún gobierno. La visión alternativa, especialmente si el gobierno ha sido electo por el mismo partido es, por definición, totalitaria.

La actitud y la conducta de algunos miembros del Partido, a los que otros se refieren despectivamente como “alfombras”, se caracteriza precisamente por desatender esta obligación y adoptar, en cambio, la posición de que todo lo que haga el gobierno está bien. La ecuación que hacen es simple: Chinchilla o Arias fueron electos por Liberación, por lo tanto, el gobierno respectivo es liberacionista (¡y es bueno!).  Pero, esa es una premisa falsa. Son dos premisas falsas.

Para muestra un botón: actualmente, como en 1986 o en 2006, muchos funcionarios designados no le deben lealtad a Liberación Nacional. Entonces y ahora, varios ministros y viceministros, no son ni han sido liberacionistas y, más bien, han patrocinado programas de otros partidos. Un ejemplo con indiscutible actualidad es el nombramiento de Rodrigo Madrigal Nieto como Canciller, por parte de Oscar Arias; se trataba del mismo que en 1978, cuando fue electo Presidente de la Asamblea Legislativa, se había decidido a perseguir liberacionistas, algunos de los cuales todavía hoy no los perdonan (a Madrigal y ni a Arias).

Este tipo de argumento no es una simple manifestación del rencor, como presumen algunos obsequiosos cortesanos. Los seres humanos inteligentes, en forma general, son capaces, primero, de reconocer la naturaleza y las fuentes de la subjetividad. Y, al mismo tiempo, de procurar separar esa influencia, admitiendo su existencia y su importancia. Para lo cual, el recurso de pensamiento es, como en este caso, descriptivo: la realidad está allí y puede confrontarse. Las interpretaciones son otra cosa.

Por ejemplo, en diversos foros del Partido Liberación ocasionalmente se han alabado las maravillas de “nuestra” Viceministra Amparo Pacheco, o de “nuestra” ministra Anabelle González. Ante lo cual, militantes ¡no resentidos, ni aspirantes a puestos públicos! han protestado, correctamente, verbalizando la categoría descriptiva: “esa señora no es liberacionista”.

El problema es que ciertos compañeros de viaje, especialmente quienes han descuidado sus estudios sobre la social democracia en sus fuentes, cuando enfrentan la evidencia de su razonamiento erróneo, se enojan y se rasgan las vestiduras y le echan la culpa de la crítica a “los resentimientos” “al fanatismo de –la campaña– del NO” y, como sugirió alguno, en cierta ocasión, a “las FARC”.

La actitud crítica correcta que debería propiciarse en los grupos de estudio del partido podría pasar por darle continuidad al trabajo de las secretarías y las comisiones; pero es claro que muchos ex colaboradores de ellas ahora no se sienten invitados a participar. Hay que recordar que en las últimas campañas, los aportes masivos y desinteresados a los programas de gobierno fueron obstaculizados, cuando no desechados. Caso notable el de la campaña de Arias, en que los trabajos de varios centenares de entusiastas colaboradores no pasaron del escritorio de Berrocal (sin que eso signifique que solo él tiene la culpa).

La idea del gobierno en la sombra (depositado, por ejemplo, en las comisiones del Partido) no es una idea buena solo para hacer oposición. Es una idea buena “para hacer mejor partido para hacer mejor gobierno”. Es una idea buena para procurar la coherencia ideológica, para crear y mantener una visión del largo plazo, para anticipar los grandes cambios. El gobierno tiene que resolver el día a día: la huelga de maestros y el cobro de los impuestos. El Partido debe ver las crisis de la supervivencia (del sistema, del país y, seguramente, de la especie, aunque no las resuelva).

Y, sin embargo, en el corto plazo, hay temas que demandan “manifestación”. La lista es larga (muy larga), pero algunas de las “cosas” hechas por el Gobierno, y por numerosos funcionarios, por idénticas razones a las que justifican esos hechos, requieren que la visión crítica se manifieste. En los últimos dos periodos, la política exterior es una de ellas. Las deplorables relaciones con Centroamérica, la designación perfunctoria de representantes diplomáticos, el pobre manejo de los juicios en La Haya; y, más atrás, el secretismo en los casos de China y Palestina, para salir con posiciones “real politik” frente a la “inocencia” o la “ingenuidad” del gobernado “amigo” de Israel y de Taiwán, requieren una explicación madura y seria, que trascienda el facilismo o peor, la justificación pecuniaria.

Dentro del Partido, con propósitos educativos, es indispensable que la racionalidad que orienta estos actos, sea explicada. En cuanto a China y Palestina, por ejemplo, sería interesante conocer el proceso de formación de la política, incluyendo la transparencia en cuanto al papel jugado por los embajadores (¿eran solo fichas?). Lo que Marcelo Prieto ha abanderado en Liberación Nacional (y muchos con seriedad lo han secundado) frente a la necesidad de una condena de China por las violaciones a los derechos humanos en Tíbet, es otro de los casos en que son ausentes las posiciones gubernamentales orientadas por principios.

Del Partido hacia el gobierno, en estos temas, lo que cabe es el reclamo permanente de coherencia y de explicación.

Comentario sobre las opiniones de Rodrigo Arias del 18 de setiembre de 2011

Comentario sobre las opiniones de Rodrigo Arias en el artículo denominado “Liberación Nacional los retos del futuro. La evolución pacífica del país exige cambios de fondo.” (Publicado en La Nación, 18 de setiembre de 2011, http://www.nacion.com/2011-09-18/Opinion/liberacion-nacional–los-retos-del-futuro-.aspx).

Rodrigo Arias expone seis propuestas, las que denomina ejes estratégicos, a manera de pronóstico y plan político sobre el futuro. En principio, sin hilar demasiado fino, estoy de acuerdo (habría que estar de acuerdo) con los puntos 2 y 4. Veamos:

“Dos, elevar la inversión en innovación científica y tecnológica hasta alcanzar, al menos, un dos por ciento del PIB.”

Esto parece correcto. Es estratégico y es urgente: mis únicas dudas son, primero, si contamos con estadísticas fiables que nos informen cuánto es lo que estamos invirtiendo ahora (que podría ser más), y, segunda, en qué. Y esto es vital, porque hace mucha falta una definición operativa de las “tecnologías (aplicadas) a la educación, la seguridad social y la producción”. Hoy las tecnologías de las que hablamos son todas suaves (Costa Rica no puede ni debe invertir en industria pesada, pero si en diseño, en programación, eningeniería electrónica, en ciencias de la información, etc. La excepción relevante es precisamente el punto 4).

“Cuatro, transformarnos en un país superavitario en generación de energía”. Y claro, este es el tema de nuestra industria pesada. La producción de energía eléctrica es el centro del asunto. Lo malo es que es una industria capital intensiva y ya el ICE (por ejemplo) ha sido debilitado en su capacidad tanto de endeudarse como de generar recursos propios. Pareciera que un listado de verdaderos proyectos es lo que más falta hace, especialmente cuando se piensa en ellos como cadena jerarquizada de valores.

Por ejemplo, muy atrás en la cadena 1- se requiere planificación (de verdad); 2- hay que mapear el territorio para proteger las fuentes de energía (agua en la montañas especialmente); entonces 3- transporte, 3.a. de carga, 3.b. urbano y de pasajeros. Es decir trenes de carga en el canal seco, trenes rápidos de frontera a frontera y ferrocarriles subterráneos urbanos, como pensábamos en algún momento en el gobierno de Daniel (1977), que debía orientarse Transmesa.

Parece fácil concordar con la propuesta número 6, cuando sostiene que “es necesario impulsar reformas políticas que eleven las capacidades de ejecución del Estado, la oportunidad de sus decisiones y la calidad de los servicios que brinda a la población”. Quién se atreve a dudarlo, pero el problema es que el frío no está en las cobijas. Muchas veces hemos concordado que en relación con la modernización del aparato estatal donde debe focalizarse es en la capacidad de supervisión de los jerarcas políticamente designados. Es decir el problema es que a los partidos, al nuestro, les faltan cuadros preparados intelectual y moralmente para hacer lo que hay que hacer, en especial vigilar el desempeño y la procura de las metas en el mediano plazo.

El tema 5 (“distribuir con equidad los frutos del crecimiento productivo. En los próximos años es esencial realizar una gran obra de movilidad social.”), aunque se queda como en los otros, en el ámbito de las aspiraciones, sin bajar al compromiso práctico, hay que reconocer que es el que más se parece a los inventarios de nuestras añoradas metas socialdemócratas, la equidad, la cobertura, la distribución, el combate a la pobreza. El inconveniente es que el autor evita comprometerse y no se involucra, entonces, con los problemas del trabajo, el empleo y el crecimiento. Y, si no lo hace, lo único que podrá repartir será más hambre y más pobreza.

Debo confesar que no me gusta nada su idea 3. En parte es un problema semántico y de interpretación en consecuencia, porque lo escribió en un solo párrafo seguido. Veamos: “Tres, profundizar la apertura comercial, dar mayor impulso a las inversiones nacionales y extranjeras, reforzar los vínculos entre el Estado, el sector privado y las organizaciones sociales; poner el énfasis en la competitividad de la economía, estimular el espíritu emprendedor y hacer que los medianos y pequeños empresarios -y los trabajadores- sean ganadores de la apertura comercial. Ciertamente, el eje transversal de estos esfuerzos es el respeto al medioambiente.”

De todo lo dicho en 3, concuerdo plenamente con la última línea: “Ciertamente, el eje transversal de estos esfuerzos es el respeto al medioambiente.”  Pero rechazo la visión que subordina todo el éxito económico a la apertura comercial. Si precisamente lo que hace falta es un equilibrio, un balance, entre las fuerzas de tal apertura que tiran hacia el enriquecimiento de los sectores abiertos y de las economías externas, con las urgencias de soporte, financiamiento, asistencia técnica y protección –en numerosos campos– que estrujan a los sectores internos de la economía. Va a ser inevitable que las estructuras de precios importadas establezcan los parámetros de nuestros mercados internos (en la ciudad de México, el precio del tomate y la naranja se toma de los mercados fuertes que compiten con aquella, California, Arizona, Texas). Pero precisamente por eso, hay que hablar de estímulo, de subsidios, de protección (a productores y a consumidores). Obviamente, no hay que ser demasiado inteligente para evidenciar la falacia de que el Estado y las organizaciones sociales comparten como finalidad la apertura comercial (sus beneficios) con los empresarios y los inversionistas extranjeros.

Y nos queda el tema uno. Parafraseando a una compañera del Grupo La Isla: “suficientemente grande como metida de patas para que no le creamos nada de lo que sigue”. El problema son las generalizaciones (y obviamente, la falta de compromiso programático), porque es inevitable concordar con “Uno, colocar a la educación de calidad en el primer lugar de la agenda pública”. Claro que todos deseamos que la educación sea la principal meta nacional y partidaria. Esa es la esencia de nuestro credo. Pero: ¿cuál educación? Y Rodrigo Arias nos dice: aquella “que desarrolle las capacidades y destrezas de cada niño y joven para que se incorporen al mundo del trabajo y de la producción”

Esta respuesta del artículo ronda lo trivial: enseñanza técnica, tecnologías e inglés… y continúo parafraseando: “se trata de procrear obreros para la industrias extranjeras, mucamas y mandaderos para la industria turística y, a lo más, ingenieros de proceso para empresas tipo INTEL”.

Lo peor (o lo triste) es que contamos en Liberación con el instrumental ideológico cabal para presentar una propuesta balanceada y coherente. Se trata, por supuesto, de la letra del Documento Final del Congreso Nacional Daniel Oduber Quirós. Una Costa Rica integrada por las oportunidades. En este se estipulan, primero, las grandes finalidades:

La educación, que es sin duda uno de los instrumentos fundamentales para esa construcción de un desarrollo incluyente, enfrenta hoy cuatro grandes retos. Un reto social, que consiste en hacer de la educación un instrumento eficaz para cerrar la brecha entre las clases sociales, crear nuevas oportunidades de ascenso social y suscitar la participación activa de todos en la solución solidaria de los problemas. Un reto económico, que consiste en que la educación haga posible que contemos con los recursos humanos idóneos para elevar la competitividad y productividad de la economía nacional de manera que nos podamos integrar exitosamente en la economía mundial. Un reto ético, para que la educación fortalezca aquellos valores y actitudes que le den a lo económico y lo social un sentido altruista, inspirador, incorruptible y humanista. Y un reto ecológico, para que la educación promueva y reproduzca un desarrollo que armonice las relaciones entre el ser humano y la naturaleza. (Párrafo 130).

Es decir, se trata de la social democracia: oportunidades para el desarrollo personal y el ascenso social; la educación en valores como la solidaridad, la frugalidad y el altruismo; la reducción de las brechas sociales y la inequidad; y, ciertamente, el uso respetuoso y reproductivo de los recursos naturales.

Igualmente, la educación se relaciona con el crecimiento económico y con la generación de riqueza. Pero, en forma balanceada con las finalidades expuesta en el párrafo 130. Esto, que coincide en algo –concedemos– con los planteamientos de Arias, no se propone en el aire, sino integrado a las verdaderas finalidades de la educación.

Si aspiramos a que la Costa Rica del futuro pueda competir en un mundo globalizado por algo más que el precio de su mano de obra, el país debe realizar, con urgencia, un esfuerzo masivo para invertir más recursos en la educación pública y para aumentar tanto su relevancia como su calidad. Las y los jóvenes del país necesitan tanto las oportunidades reales de completar su educación secundaria, como un conjunto de opciones diversas para continuar bien hacia una educación profesional o universitaria, bien hacia carreras u oficios técnicos que les permitan insertarse en el mercado laboral con empleos dignos, productivos y bien remunerados, en lugar de pasar a engrosar las filas del mal llamado sector informal, refugio usualmente permanente de la pobreza. (Párrafo 65).

La coherencia entre el texto y la conducta. Sobre Mario Vargas Llosa y otros escribidores

Mario Vargas Llosa, galardonado con el Nobel de Literatura, en su discurso de recepción del Premio, el 7 de diciembre de 2010, hizo un recuento de la historia de su formación como escritor, así como una síntesis de sus principales creencias y convicciones, dentro de las cuales destaca, como centro de un ideario político, el concepto de democracia y, como afán y compromiso de acción, la denuncia y el combate al autoritarismo.

Sostuvo que la democracia liberal, con todas sus limitaciones, representa “el pluralismo, la convivencia, la tolerancia, los derechos humanos, el respeto a la crítica, la legalidad, las elecciones libres, la alternancia en el poder”. Y respecto de su vigencia, por lo menos en nuestro continente, se muestra esperanzado, con la excepción de algunas “seudodemocracias populistas” como Bolivia y Nicaragua y, sin duda, los fracasos históricos –en esa dimensión– de Cuba y Venezuela. Exhortó, en general, pero especialmente a gobiernos ahora complacientes, a combatir las dictaduras sin contemplaciones, haciendo uso de todos los medios posibles, incluidas las sanciones económicas.

Como lector viejo, trajinado, de literatura política he aprendido que hace falta una especie de manual para leer a los otros. Se dice tanto, y está tan poco entrenada nuestra mente en hermenéutica, que fácil caemos en la trampa de la descalificación de aquellos en quienes –de pronto– encontramos motivos para criticar.

Por eso discrepo bastante de la crítica que, desde el Partido Liberación Nacional, se le hace al Premio Nobel. Yo he leído siete u ocho de las novelas de Vargas Llosa y aunque sé que los estudiosos serios y metódicos de la literatura clasifican su obra con base en diversos parámetros propios de su disciplina, me he ido acostumbrando a verlo como si se tratara –casi– de tres novelistas distintos.

Hay un primer periodo que me parece un poco naïve, como si estuviera aprendiendo el oficio. Claro que es un defecto mío y no del autor, pero su recurrente búsqueda retrospectiva de las experiencias adolescentes me transmite esa sensación. Se trata tal vez de esa notable habilidad suya para hacer descripciones como retratos, lo que en teorías del conocimiento se ha llegado a llamar realismo ingenuo o realismo del sentido común. Además, descubro en ese periodo una capacidad para hilar sus textos con finas ironías y otras manifestaciones de humor que, siempre o casi siempre, culmina en una escena trágica, pero prevista, mediada y anticipada por la gracia y el ingenio que la anteceden.

Luego, cuando trabajaba en África, descubrí un segundo Vargas Llosa. La mayor parte del tiempo solo, sin muchas distracciones, sin cine y sin televisión y ¡sin internet!, recurría muchas veces a buenos compañeros de la literatura hispanoamericana, en especial Fernando del Paso, Fuentes, Borges y, por supuesto, Vargas Llosa. Dos de sus obras me acompañaron en ese camino: Conversación en la catedral y La guerra del fin mundo.

Conversación en la Catedral (1969) es una novela política. Los temas que me llaman la atención son la prepotencia de la dictadura frente a la ausencia de cultura democrática en el pueblo peruano, cuyas características son la corrupción; la discriminación: social, racial y otras; la persecución contra los universitarios y otros disidentes. Es, en un tono peculiar, un manifiesto democrático contra el autoritarismo y también contra la mediocridad. Se halla muy cerca –en tiempo– de la obra temprana (La ciudad y los perros, 1962), pero muy lejos en estructura, temática y complejidad.

La guerra del fin mundo reconstruye literariamente la Guerra de los Canudos, un movimiento social y militar que tuvo lugar a finales del S. XIX en el sertón o gran desierto al noreste del estado de Bahía, en la Granja de los Canudos. La novela abarca todo el conflicto, en el que llegaron a intervenir hasta 10 000 soldados de 17 estados brasileños, enfrentando a los campesinos pobres que dependían de una deprimida agricultura de subsistencia. El fanatismo religioso, bajo el liderazgo del “Consejero” se hace un lugar y abandera la lucha contra la opresión, que se empodera después de la caída del Imperio de Don Pedro II. Vargas Llosa no oculta su simpatía por los pobres y por sus demandas. El trágico fin de los 8000 campesinos y otros desarraigados (las cifras totales de ambos bandos y civiles se estiman en más de 25 000) lo lleva a, casi involuntariamente, construir un cierre moralizante.

Después, tarde, me he encontrado con otro Vargas Llosa, el tercero, más liviano, menos profundo, con personajes que, comparados con los mismos suyos de antes, son ahora siluetas o meros trazos de bocetos incompletos. La Fiesta del Chivo que también es denuncia contra la dictadura, me parece que no llega; pero pienso que El sueño del celta (2010), lo más reciente que he leído, es todavía más débil. Tal vez solo desembocó en un personaje que no ameritaba tanta elaboración.

No puedo, no me compete, condenar a Vargas Llosa por su valor literario, por lo que me gusta y lo que no. Menos puedo condenar por su contenido al Vargas Llosa de la denuncia, de la crítica social. Pero tampoco por su discurso, aunque sea algo –o incluso bastante– liberal.

Además, al final, la conducta y el argumento de Vargas Llosa no afectan en forma directa nuestra interpretación de la vida y nuestro propio discurso sobre la política y la social democracia. Otros autores más cercanos, en la prensa, en las redes sociales, en las proclamas partidarias, son muchas veces más ausentes y más irresponsables para con su realidad. Y, no solo no escriben ni medianamente como Vargas Llosa, sino que se solazan en su ignorancia y en su falta de solidaridad.

Contexto de tarea en la producción de materiales universitarios

Todas las decisiones de producción, así como el proceso de puesta en práctica de las resoluciones, tanto en lo técnico como en lo administrativo, está condicionado por el universo o contexto de la planeación y por las variables que se identifiquen en ese como relevantes. En el caso de la producción de materiales didácticos en la universidad, el plan está determinado por un conjunto de elementos de diversa naturaleza, externos unos, internos otros, propios de la institución o de la sociedad más amplia, que limitan o condicionan las propuestas específicas.

Algunos de los elementos de diagnóstico más relevantes –y el grupo más numeroso– son externos, y se manifiestan en la sociedad como grandes tendencias culturales. Común a todos ellos es la velocidad del cambio que comportan, así como el profundo contenido ético propio de cada uno. Algunos, cuyo impacto es determinante, son:

  • La ética de la educación universitaria pública, que se caracteriza esencialmente por un reto permanente con el concepto de calidad, enfrenta también la presión por la equidad y la universalidad en la entrega de sus servicios, el hacerlo a precios razonables, así como a favorecer focalmente el acceso de grupos menos privilegiados. También son parte de esta visión ideal de la universidad las concepciones de autonomía (frente al aparato externo) y democracia (en su gobierno interno).
  • En los últimos años, en los campos de la comunicación social y de la producción editorial, así como en los subcampos del diseño gráfico y de la impresión, se ha dado una profunda revolución tecnológica, que concierne al conjunto de estas disciplinas y que deviene incluso en crisis paradigmática. Muchas de las fases de los procesos que hasta hace un par de décadas eran estrictamente mecánicas y propias de técnicas manuales, hoy son realizadas con medios y tecnologías de manejo digital de la información. Pero, además, en esta característica, lo único que es constante y recurrente es el cambio mismo. Las condiciones cambiantes de la tecnología continúan acelerándose, por lo que parte esencial de la planeación debe ser la prospección habitual y sistemática del contexto.
  • En el caso de la producción de materiales didácticos es relevante la relación entre imagen y educación. Una de las características más notables de la sociedad actual es el papel de las imágenes, de lo visual, del color y del movimiento, como recursos preferidos de la comunicación. Además, el mensaje tiende a ser efímero, transitorio, fugaz. Lo indicado en estos dos párrafos apunta a la importancia del uso de las tecnologías que se asienten en esta lógica y esta historia; por ejemplo, la docencia en línea y el apoyo de contenidos mediante la Internet hoy no debe obviarse, pero tampoco debe creerse que es un recurso infinito, atemporal e insustituible.

No es que el papel de la letra impresa, como vehículo del mensaje y del significado, haya caducado, sino que ha mutado y se ha convertido en parte de un tándem que opera como tal en cuanto conducto de la comunicación.

  • El surgimiento de nuevas profesiones relacionadas con la producción de materiales didácticos y afines, y la oferta de tales servicios en los mercados abiertos. (v. gr. soporte técnico digital, servicios gráficos.). Y la transformación de otras disciplinas, como se comentara arriba, incluyendo ilustradores, editores, guionistas, jefes de proyecto y muchas más.
  • El mercado universitario centroamericano, como otros, ha crecido y se ha diversificado de manera extraordinaria. En forma paralela ha crecido la demanda por materiales didácticos de calidad. Ninguna de las universidades en el área ha asumido una posición de liderazgo que sea sistemática, que fije parámetros de calidad, que potencie el valor de los autores y productores locales, y que se oriente a copar segmentos importantes comercialmente. Al contrario, la conducta predominante se destaca por su parroquialismo. La UNED (Costa Rica) lo ha intentado, pero su estrategia es parcial y no es simétrica en todos los campos; tampoco se ha invierte de manera significativa y recurrente para adquirir todos los recursos necesarios.
  • Por otro lado, se aprecia una actitud beligerante, bien fundada y planeada, de las grandes editoriales comerciales, que identifican con presteza todos los nichos del mercado, especialmente los nuevos, y se insertan en ellos con celeridad y oportunidad.
  • La evolución acelerada de los mercados alternativos de libros y de otros medios pedagógicos, que incluye, dentro de las opciones privilegiadas, el libro digital, ya en disco compacto, ya puesto en la red y con acceso universal, sea libre, o mediante pago. A lo que hay que agregar el potencial excepcional ofrecido por la incorporación de productos multimediales, con preferencia el video en DVD; y, por supuesto, lo más novedoso a partir de 2008, la oferta masiva del cine en Internet bajo demanda (Netflix) que augura el ocaso de los clubes o rentas de video. En abril de 2011 Netflix contaba con casi 24 millones de suscriptores y han anunciado ya la oferta del servicio en América Latina, con precios que van desde los 8 hasta los 15 dólares, significativamente más barato que cualquier alquiler de películas.

A esos recursos libres deben sumarse los numerosos repositorios de materiales (objetos de aprendizaje) de variada naturaleza que se han abierto a los púbicos desde las universidades y otros centros. Estos van desde clips o pequeñas imágenes hasta cursos o programas completos como los de Open Course Ware (OCW) donde destacan prestigiosas universidades tanto como fundaciones con propósitos coincidentes, como Creative Commons.

Paradójicamente, se da la consolidación de condiciones formales mediante la legislación de derechos de autor frente a formas múltiples de propiedad y nuevas alternativas tecnológicas y culturales que favorecen la violación de los regímenes aplicables. En este campo los efectos son múltiples: sobre obras compartidas, sobre violaciones producidas por nuestros autores, sobre violaciones en contra de nuestras publicaciones, sobre normas internas, en relación con educación a múltiples grupos (productores, autores, usuarios, clientes), etcétera. La paradoja que se subraya consiste en la convivencia casi maniquea de esta propensión a la sobreprotección junto a las tendencias liberadoras que promueven el uso de recursos libres y la defensa del valor moral de la propiedad más que el copyright (como en Creative Commons).

Otros elementos del diagnóstico se manifiestan principalmente a lo interno de las universidades, como los siguientes:

  • La estructura actual de la producción y su historia de los últimos años. Los temas recurrentes son la formación y la capacitación de los equipos de trabajo, la autoridad formal y la autoridad técnica, y las finalidades y la forma en que se expresan (así como la necesidad de fortalecer su esquema lógico).
  • La formación y los antecedentes de los miembros de la organización y su impacto sobre la conducta (y sobre la competitividad).
  • La expectativa de numerosos grupos dentro de la Universidad, en especial de los estudiantes (y sus familias) respecto de la calidad de la educación y del papel de los materiales en ella. El interés y los buenos deseos en relación con la calidad de los contenidos y la calidad de los medios en que transfieren esos contenidos. Esta calidad no es solo un elemento real en función de su impacto sobre el aprovechamiento y el aprendizaje, sino que está envuelta en un simbolismo potente; por ejemplo, las universidades públicas “tienen que probar su calidad”, frente a la explosión de la oferta de las universidades privadas. Este es un punto en el que convergen elementos tanto internos como externos y que se relaciona, en este extremo, con el concepto más amplio de la ética comentado con anterioridad.

En un contexto con este grado de complejidad, la planificación es un imperativo de la misma naturaleza. En medio de esa complejidad, el contexto ofrece retos y oportunidades. Las demandas son numerosas e insistentes. También, son recurrentes los riesgos, como los planteados por las revoluciones tecnológicas, tanto en cuanto al concepto productivo, como en equipamiento y materiales. Es claro que nuestras universidades tienen un compromiso, y también es claro que gozan de ventajas que las posicionan frente al futuro. Solo falta voluntad y determinación para seguirlo haciendo mejor (o para no empezar a hacerlo peor).

(Nota: este texto se basa en conferencias ofrecidas en la DPM-UNED en 2005 y 2008)

Leer un libro sobre vinos

Alguna vez, con seguridad a causa de una de esas modestas degustaciones en las que ocasionalmente participamos, surge la inevitable pregunta: ¿y, cuál libro recomendás para realmente saber de vinos?

¡Terrible!, la respuesta puede ser cualquiera. Y posiblemente todas serían igual de válidas.

Lo que sucede es que todos los años se publica una enorme cantidad de libros sobre temas relacionados, muchos de ellos guías, otros registros de degustaciones, otras verdaderas enciclopedias de turismo o de cocina. Y es fácil caer en la trampa: los que he ido comprando me ocupan ya un espacio considerable de la biblioteca y la mayoría ya no sé, ni cómo clasificarlos, ni dónde ponerlos. La biblioteca resulta inacabable, una en la que la renovación pareciera más exigente que en filatelia.

Y es que en filatelia compramos los catálogos cada cierto tiempo –3 o 4 años– y cubren el espectro fundamental de lo que valoramos como coleccionable. En vinos, en cambio, existen numerosas guías de cada país productor, de diversos autores, de distintas casas editoriales, con distintos enfoques. A lo largo de los años, en las visitas a zonas vinícolas en varios países o en los recorridos por las regiones productores, como Hunter Valley en New South Wales, el Valle de Colchagua en Chile, o el helado otoño de la zona de Niágara en Ontario (Canadá) termino coleccionado folletería, tarjetas postales, periódicos con críticas especializada, y demás parafernalia.

Aún así, la guía que más me gusta es la DK, es la que encuentro más útil y más bonita. Es un trabajo de diseño y disciplina irremplazable, entonada con el lector, a quien consiente (mima) y orienta con verdadero ánimo pedagógico. Utiliza un código de color y una iconografía que son característicos de las guías DK y que son la base de su prestigio.

Aparte las guías (conozco argentinas, chilenas, portuguesas, españolas, italianas, etcétera), de vez en cuando consigo algún libro más coloquial, no de conocimientos generales, ni tampoco como alguno novelado que anda por allí; sino más una recolección de recuerdos y anécdotas del aspirante enólogo. De este género y estilo, hace años que he querido compartir un tesoro. Excuso mi atraso explicando que lo he buscado en español y me parece que la traducción no existe. Se trata de Red, White and Drunk all Over de la escritora y sommelier canadiense Natalie Mac Lean.

¡Cómo se puede aprender cuando el escritor no solo muestra pericia sino una voluntad y una disciplina didáctica como norte de su comunicación! Es un verdadero gozo leer cada línea escrita por esta encantadora mujer.

Construye sus capítulos centrados en espacios: las tiendas, la recepción en casa, la producción de champaña o la selección de las copas. Cada uno de ellos (o su síntesis) sirve a un propósito editorial coherente. Y, aún así, no deja temas botados y se da el pequeño lujo (y lo comparte con el lector) de poner en 300 páginas todo un patrimonio de conocimiento.

Es un libro simpático, lleno de alegría. Algo humorístico, pero muy ilustrativo, lleno de metáforas útiles sobre temas complejos como la calidad, el temperamento y la distinción del vino. Algunas anécdotas parecen dejá vu: como escoger los vinos por las etiquetas (cosa que nos pasa en nuestras reuniones de los jueves, cuando algún compañero de mesa busca explicar alguna selección menos afortunada).

Mac Lean nos habla con gran propiedad sobre las preferencias y sobre el maridaje. Tiene un dominio convincente del valor de lo subjetivo en la base de los procesos decisorios. Y no contiene una crítica no disimulada a los sistemas de puntaje y, por supuesto algo iconoclasta con su máximo exponente, Robert Parker.

Es recurrente sobre el tema el maridaje; que es el único contenido del libro en que aventura algunas recomendaciones –moderadas por su valoración de la subjetividad–. Un par de preguntas que tal vez algún día me anime a enviarle tienen que ver con este tema:

  1. ¿Cómo equilibrar las comidas con chile picante? ¿Qué pensaría ella de nuestra imposición del garnacha –como el Gran Sangre de Toro– para acompañar el curry?
  2. Y por supuesto que me gustaría retarla… ¿Ha probado Usted los pulpitos caramelizados con el verdelho de Australia?

Lógico que concluya estas líneas recomendando: ¡si puedan léanlo; que si que vale la pena!