Contexto de tarea en la producción de materiales universitarios

Todas las decisiones de producción, así como el proceso de puesta en práctica de las resoluciones, tanto en lo técnico como en lo administrativo, está condicionado por el universo o contexto de la planeación y por las variables que se identifiquen en ese como relevantes. En el caso de la producción de materiales didácticos en la universidad, el plan está determinado por un conjunto de elementos de diversa naturaleza, externos unos, internos otros, propios de la institución o de la sociedad más amplia, que limitan o condicionan las propuestas específicas.

Algunos de los elementos de diagnóstico más relevantes –y el grupo más numeroso– son externos, y se manifiestan en la sociedad como grandes tendencias culturales. Común a todos ellos es la velocidad del cambio que comportan, así como el profundo contenido ético propio de cada uno. Algunos, cuyo impacto es determinante, son:

  • La ética de la educación universitaria pública, que se caracteriza esencialmente por un reto permanente con el concepto de calidad, enfrenta también la presión por la equidad y la universalidad en la entrega de sus servicios, el hacerlo a precios razonables, así como a favorecer focalmente el acceso de grupos menos privilegiados. También son parte de esta visión ideal de la universidad las concepciones de autonomía (frente al aparato externo) y democracia (en su gobierno interno).
  • En los últimos años, en los campos de la comunicación social y de la producción editorial, así como en los subcampos del diseño gráfico y de la impresión, se ha dado una profunda revolución tecnológica, que concierne al conjunto de estas disciplinas y que deviene incluso en crisis paradigmática. Muchas de las fases de los procesos que hasta hace un par de décadas eran estrictamente mecánicas y propias de técnicas manuales, hoy son realizadas con medios y tecnologías de manejo digital de la información. Pero, además, en esta característica, lo único que es constante y recurrente es el cambio mismo. Las condiciones cambiantes de la tecnología continúan acelerándose, por lo que parte esencial de la planeación debe ser la prospección habitual y sistemática del contexto.
  • En el caso de la producción de materiales didácticos es relevante la relación entre imagen y educación. Una de las características más notables de la sociedad actual es el papel de las imágenes, de lo visual, del color y del movimiento, como recursos preferidos de la comunicación. Además, el mensaje tiende a ser efímero, transitorio, fugaz. Lo indicado en estos dos párrafos apunta a la importancia del uso de las tecnologías que se asienten en esta lógica y esta historia; por ejemplo, la docencia en línea y el apoyo de contenidos mediante la Internet hoy no debe obviarse, pero tampoco debe creerse que es un recurso infinito, atemporal e insustituible.

No es que el papel de la letra impresa, como vehículo del mensaje y del significado, haya caducado, sino que ha mutado y se ha convertido en parte de un tándem que opera como tal en cuanto conducto de la comunicación.

  • El surgimiento de nuevas profesiones relacionadas con la producción de materiales didácticos y afines, y la oferta de tales servicios en los mercados abiertos. (v. gr. soporte técnico digital, servicios gráficos.). Y la transformación de otras disciplinas, como se comentara arriba, incluyendo ilustradores, editores, guionistas, jefes de proyecto y muchas más.
  • El mercado universitario centroamericano, como otros, ha crecido y se ha diversificado de manera extraordinaria. En forma paralela ha crecido la demanda por materiales didácticos de calidad. Ninguna de las universidades en el área ha asumido una posición de liderazgo que sea sistemática, que fije parámetros de calidad, que potencie el valor de los autores y productores locales, y que se oriente a copar segmentos importantes comercialmente. Al contrario, la conducta predominante se destaca por su parroquialismo. La UNED (Costa Rica) lo ha intentado, pero su estrategia es parcial y no es simétrica en todos los campos; tampoco se ha invierte de manera significativa y recurrente para adquirir todos los recursos necesarios.
  • Por otro lado, se aprecia una actitud beligerante, bien fundada y planeada, de las grandes editoriales comerciales, que identifican con presteza todos los nichos del mercado, especialmente los nuevos, y se insertan en ellos con celeridad y oportunidad.
  • La evolución acelerada de los mercados alternativos de libros y de otros medios pedagógicos, que incluye, dentro de las opciones privilegiadas, el libro digital, ya en disco compacto, ya puesto en la red y con acceso universal, sea libre, o mediante pago. A lo que hay que agregar el potencial excepcional ofrecido por la incorporación de productos multimediales, con preferencia el video en DVD; y, por supuesto, lo más novedoso a partir de 2008, la oferta masiva del cine en Internet bajo demanda (Netflix) que augura el ocaso de los clubes o rentas de video. En abril de 2011 Netflix contaba con casi 24 millones de suscriptores y han anunciado ya la oferta del servicio en América Latina, con precios que van desde los 8 hasta los 15 dólares, significativamente más barato que cualquier alquiler de películas.

A esos recursos libres deben sumarse los numerosos repositorios de materiales (objetos de aprendizaje) de variada naturaleza que se han abierto a los púbicos desde las universidades y otros centros. Estos van desde clips o pequeñas imágenes hasta cursos o programas completos como los de Open Course Ware (OCW) donde destacan prestigiosas universidades tanto como fundaciones con propósitos coincidentes, como Creative Commons.

Paradójicamente, se da la consolidación de condiciones formales mediante la legislación de derechos de autor frente a formas múltiples de propiedad y nuevas alternativas tecnológicas y culturales que favorecen la violación de los regímenes aplicables. En este campo los efectos son múltiples: sobre obras compartidas, sobre violaciones producidas por nuestros autores, sobre violaciones en contra de nuestras publicaciones, sobre normas internas, en relación con educación a múltiples grupos (productores, autores, usuarios, clientes), etcétera. La paradoja que se subraya consiste en la convivencia casi maniquea de esta propensión a la sobreprotección junto a las tendencias liberadoras que promueven el uso de recursos libres y la defensa del valor moral de la propiedad más que el copyright (como en Creative Commons).

Otros elementos del diagnóstico se manifiestan principalmente a lo interno de las universidades, como los siguientes:

  • La estructura actual de la producción y su historia de los últimos años. Los temas recurrentes son la formación y la capacitación de los equipos de trabajo, la autoridad formal y la autoridad técnica, y las finalidades y la forma en que se expresan (así como la necesidad de fortalecer su esquema lógico).
  • La formación y los antecedentes de los miembros de la organización y su impacto sobre la conducta (y sobre la competitividad).
  • La expectativa de numerosos grupos dentro de la Universidad, en especial de los estudiantes (y sus familias) respecto de la calidad de la educación y del papel de los materiales en ella. El interés y los buenos deseos en relación con la calidad de los contenidos y la calidad de los medios en que transfieren esos contenidos. Esta calidad no es solo un elemento real en función de su impacto sobre el aprovechamiento y el aprendizaje, sino que está envuelta en un simbolismo potente; por ejemplo, las universidades públicas “tienen que probar su calidad”, frente a la explosión de la oferta de las universidades privadas. Este es un punto en el que convergen elementos tanto internos como externos y que se relaciona, en este extremo, con el concepto más amplio de la ética comentado con anterioridad.

En un contexto con este grado de complejidad, la planificación es un imperativo de la misma naturaleza. En medio de esa complejidad, el contexto ofrece retos y oportunidades. Las demandas son numerosas e insistentes. También, son recurrentes los riesgos, como los planteados por las revoluciones tecnológicas, tanto en cuanto al concepto productivo, como en equipamiento y materiales. Es claro que nuestras universidades tienen un compromiso, y también es claro que gozan de ventajas que las posicionan frente al futuro. Solo falta voluntad y determinación para seguirlo haciendo mejor (o para no empezar a hacerlo peor).

(Nota: este texto se basa en conferencias ofrecidas en la DPM-UNED en 2005 y 2008)

Principios sobre la metáfora pedagógica

(Reelaborado en 2010, a partir de versiones preliminares de 2004 y 2008)

Entre los artículos que hemos publicado para compartir en este sitio, hay no menos de siete u ocho en los que se elaboran argumentos sobre diversas particularidades de la metáfora pedagógica. No obstante, lo que sigue siendo provocador es que el concepto aún presenta alguna resistencia y bastante misterio.

Desde hace ya unos diez años hemos compartido con grupos de educadores que enfrentaban dificultades con el uso de metáforas y su relación con la interfaz. Subsistían limitaciones en la comprensión del concepto metáfora pedagógica –en multimedia, especialmente– debidas sin duda a su grado de abstracción, su novedad y la poca experiencia en el campo. En nuestra experiencia con productores, diseñadores y realizadores, hemos comprobado que solo la práctica recurrente puede ir fortaleciendo las destrezas necesarias para aprovechar mejor su potencial.

Bryan M. Kopp (Junio, 1998) comenta algunas de las ventajas del uso de las metáforas en el proceso creativo. Siguiendo a Aristóteles les atribuye el signo del genio, y detalla: mejoran y hacen más vívido el lenguaje ordinario, y son generosas con el usuario o lector, porque enriquecen el proceso de interpretación. Pero lo más importante es que son más eficientes y económicas que los lenguajes escritos y gráficos ordinarios, con un mínimo de palabras pueden comunicar cientos de pensamientos. Y, finalmente, ayudan a crear nuevos significados y permiten una comunicación más fluida de sentimientos, pensamientos, experiencias, incluso aquellas para las que el lenguaje ordinario no prevé términos, o en los que se requieren largos y complicados mensajes.

Ernest House (1980, 244) les reconoce el poder que tienen como argumentaciones para establecer la realidad, similar al de las ilustraciones y la analogía. Para él, la “[construcción] metafórica abre nuevos campos de pensamiento” y propicia pasar “de lo conocido a lo desconocido… ayudando a señalar cosas inespecificables en el lenguaje corriente”. Con él discutimos también su papel como recurso crítico para la interpretación evaluativa (metaevaluación).

Es cierto que la mayoría de los desarrollos en este campo se refieren, primero, a las metáforas como figuras literarias o en ese vecindario. Y, segundo, a la metáfora como aspecto concreto del diseño de elementos determinados en la interfaz, por ejemplo, la disposición de elementos para generar la navegación a partir de la primera pantalla del multimedia o de la página web.

Sin embargo, en la experiencia que hemos acumulado en la Dirección respectiva de la UNED (Costa Rica) en la preparación de materiales didácticos, el concepto tiene su valor principalmente en los aspectos pedagógicos.

  1. La metáfora es un elemento comunicativo, usualmente gráfico, a veces animado, que trasmite en forma sucinta y reiterada el mensaje educativo central del multimedio o del objeto específico. Provee unidad gráfica (y refuerza la unidad pedagógica) en el diseño de todo el material y no solo en pantallas aisladas o en hipervínculos.
  2. Fortalece el aprendizaje en el tanto que reitera con otros recursos el mensaje textual. Parte de su valor formativo consiste en que refuerza, mediante la repetición, el mensaje y los contenidos, contribuyendo al aprendizaje y a la internalización de los conocimientos, los valores y las conductas que, simultáneamente, se comunican mediante otros lenguajes.
  3. Facilita la construcción y la presentación de índices, menús y botoneras para la navegación dentro del multimedia. Formas simplificadas de la metáfora (hojas, lápices de color, flechas) permiten a los lectores distinguir textos vinculados con el mensaje principal, pero que obedecen a finalidades distintas del dominio de contenidos por aprender. Esta economía de representación resulta en un ahorro de energía en las actividades educativas, particularmente en la autoinstrucción.
  4. En ese mismo sentido, propicia la construcción de familias de iconos aplicables incluso a los materiales impresos con la intención de facilitar el desplazamiento del estudiante por el texto, siguiendo instrucciones tanto gráficas como verbales.
  5. Favorece la identificación de los usuarios porque mueve sus emociones y sus sentimientos, crea empatía y complicidad, lo que favorece la exploración y el uso de los materiales por los estudiantes.
  6. Modera la frialdad implícita en la comunicación vía máquinas y medios electrónicos, sin dejar de atender a la veracidad y la verosimilitud. Igual efecto provoca en los voluminosos textos tradicionales impresos en blanco y negro.
  7. Es un recurso de calidad. Una buena metáfora permea y orienta toda la producción, se reproduce y se enriquece a sí misma y, concentra la atención de los usuarios. En este rol, se espera de ella un efecto multiplicador sobre el aprendizaje.

 

La digitalización, el futuro de la producción de materiales didácticos y la supervivencia del libro

En el presente (2010-2011), como ha venido sucediendo de manera recurrente durante el último siglo, la supervivencia del libro ha sido retada con diversas amenazas catastróficas y notorios augurios de desaparición. Cada cierto tiempo se levantan las voces de algunos fanáticos que presagian el apocalipsis. Primero se decía que el cine, el teléfono y, por supuesto, la televisión, cambiarían tanto los hábitos relacionados con la lectura como la industria editorial. Hoy se atribuye idéntico potencial pernicioso a los medios electrónicos, Internet, el Ipod y los MP4, entre otros.

Sin embargo, en la educación a distancia el libro tiende a posicionarse con más fuerza como el medio maestro. Es posible que el soporte del material escrito cambie. Por ejemplo, existen no menos de cinco versiones completas de libros electrónicos, tanto soluciones suaves como soluciones duras (hardware), que van desde el PDF hasta el Kindle y otros equipos similares. Sin embargo, los estudiantes prefieren leer y trabajar sobre el papel impreso. En las evaluaciones de textos realizadas en la Dirección de Producción de Materiales (DPM) de la UNED, Costa Rica, mediante encuestas y focus groups, se percibe que el aprendizaje y la memoria de los autores, los tutores y los alumnos parecen funcionar mejor basándose en la palabra impresa que en otros formatos exclusivamente. Por supuesto, el resultado refleja no solo más confort sino también mejor aprovechamiento si los contenidos se ofrecen de forma redundante y repetitiva utilizando diversos medios.

Es claro que no puede dejarse de lado la discusión sobre la naturaleza esencial de los contenidos escritos. Considerando incluso la especificidad de los contenidos y la prevalencia de la mediación pedagógica, esa discusión pasa, hoy, especialmente, por la naturaleza digital de la información, como característica opuesta a la información analógica. Más allá de la condición codificada o cifrada de toda expresión escrita –parodiando a Swift en Gulliver–, no escribimos la cosa sino el nombre convencional de la cosa utilizando signos que son también convencionales, como el alfabeto.

Este es posiblemente el cambio más notable de nuestros tiempos. Antes, hace apenas unos veinte años, cuando escribíamos una palabra, cualquier palabra, es claro que no “poníamos la cosa”, el sol, por ejemplo, sino la palabra “sol”, compuesta en esa secuencia por s – o – l. Pero entre las letras y las palabras y el objeto de su representación en la mente de quien escribe no había mayor distancia que la propia estructura del lenguaje (significado y ortografía como parte de esa estructura). Hoy, en cambio, al digitar la palabra, pasa precisamente eso: se transfiere y se lee en forma digital: una secuencia de señales numéricas discretas, una representación finita y por eso almacenable y reproducible de la información analógica que porta el sema, el concepto o la palabra escrita.

Esa condición ha llevado a que los textos puedan reproducirse al infinito utilizando los más diversos medios; ya sea que se impriman, que se reproduzcan en disco, que se levanten en hipertexto en un sitio de la red Internet, o cualquiera otro; lo cierto es que esta viabilidad es provista por la naturaleza digital. Una palabra, todas las palabras y todos los signos, y la puntuación y los espacios entre ellas, y las imágenes, las ilustraciones y las fotografías, todo se reduce a secuencias de ceros y unos, o, más bien, circuitos “abiertos” o “cerrados”.

Desaparece la noción convencional de sustrato propia de la industria editorial del siglo XX. Ahora el libro y el papel, el texto (grabado en arameo o cuneiforme) y la piedra Rosetta no son indivisibles.

Ese fenómeno que hemos descrito –parte de cuyos resultados se conocen a veces como “las nuevas tecnologías de la comunicación y la información”– es la condición esencial que da origen a una nueva concepción de “la producción de materiales y la gestión de medios” en la educación universitaria. El compromiso con el estudiante constituye un nuevo contrato en el que la responsabilidad de la Universidad consiste en poner a su alcance toda la información requerida para la realización exitosa de sus programas de estudios. Bajo la condición, eso sí, de hacerlo con el alto grado de calidad requerido por la formación profesional como orden ético (y por los mecanismos de evaluación y acreditación social). Para lo cual se admite la validez de los mismos criterios legitimadores: la redundancia y la elegibilidad comentadas arriba; la mediación pedagógica basada en metáforas y otros instrumentos del diseño curricular; la relevancia didáctica de todas las decisiones sobre diseño, diagramación e ilustración; el reconocimiento de la utilidad de las reglas aportadas por las teorías del diseño universal y del diseño emocional; y, como es obvio, la oportunidad y la pertinencia.

Por eso, más importante que la diferenciación tradicional entre las unidades didácticas impresas y los multimedia, los documentales en video y los programas de radio grabados, ahora reclaman un espacio significativo las operaciones que proveen la universalidad. Eso incluye, primero que todo, el diseño curricular que integra el planeamiento de medios, e internamente, como parte ineludible del proceso, el diseño, la preproducción y la posproducción. La noción de producción de materiales escritos se superpone a la de producción de material impreso; porque, de forma simultánea, los textos se producen para utilizarlos en los cursos que se entregan mediante las plataformas de aprendizaje en línea, dan pie a los guiones de los multimedia y se convierten en el contenido de los libros de texto, las antologías y las guías didácticas. Y, de la misma forma, el material gráfico que se prepara: pantallas de presentación, cortinas, metáforas pedagógicas y guías iconográficas o menús, mapas conceptuales y otros ingenios didácticos visuales, tienen que ser concebidos y desarrollados en función de su valor universal como elementos pedagógicos intercambiables. En esto se basa buena parte de la nueva disciplina del diseño y la producción de objetos de aprendizaje y de la disponibilidad de ellos en los repositorios que se crean ex profeso; conjunto de actividades que han llegado a ser una realidad en la Dirección de Producción de Materiales de la UNED a finales de 2010.

Es claro que cada medio guarda su singularidad. Existen técnicas y expedientes propios para el manejo de los recursos maximizando su utilidad en cada medio, por ejemplo, la interactividad en la videoconferencia, la animación en el multimedia, el potencial en diseño que aportan los recursos tipográficos que es un valor propio y caso exclusivo de la obra impresa, etcétera. Parte substancial del trabajo de los editores académicos y de los productores de medios complejos es reconocer el potencial que ofrece cada uno de los canales para realzar la importancia de ciertos contenidos de las disciplinas y los cursos de las que se ocupa el material. Y, de la misma forma, son sensibles las destrezas que les permitirán, para un determinado contenido, identificar la salida que provea las mejores condiciones de éxito.

Pero, más allá de las restricciones propias de cada medio y más allá del potencial provisto por las disciplinas relacionadas con el diseño universal, lo fundamental es que, gracias a las condiciones de reproducción que provee la digitalización, puede pensarse formalmente en contar en la Universidad con una estrategia pedagógica integral, común a todas las presentaciones de una materia o curso determinado.

El libro electrónico y el multimedia como libro alternativo

En octubre de 2004, la Escuela Judicial de Costa Rica le solicitó a la UNED la aclaración de alguna terminología que se utilizaba en los cursos contratados por la primera a la segunda. Las presentes son secciones del documento que preparé entonces.Obviamente, las propiedades de algunos de los objetos han cambiado, pero verlos precisamente en la perspectiva de la década crítica de la era de la información, permite ahora pensar en reescribirlos con indudable ganancia.

Multimedia es un término empleado para describir diversos tipos de medios (media) que se utilizan para transportar información (texto, audio, gráficos, animación, video, e interactividad). También es la cualidad de un sistema o documento que utiliza más de un medio de comunicación al mismo tiempo. En la comunicación pedagógica es todo aquello que utiliza conjunta y simultáneamente diversos medios para la presentación de la información, como imágenes, animación, vídeos, sonido y texto. Una característica esencial de los multimedia es el uso de los hipertextos, que es un artificio de programación (hipervínculos o enlaces) que permite navegar, moverse de modo intuitivo y de manera no lineal, entre los textos y otros tipos de información.

Las presentaciones multimediales son escenarios dinámicos que muestran la información al usuario final de una manera atractiva y contundente, se proporciona acceso a la información a toda persona que lo requiera y no se necesita ser un experto en sistemas para obtenerla, y, además, la seguridad está garantizada. Es un concepto tan antiguo como la comunicación humana, ya que esta es, naturalmente, multimedial: en una charla ordinaria hablamos (sonido), escribimos (texto), observamos a nuestro interlocutor (video) y accionamos con gestos y movimientos de las manos (animación).

Los multimedia pueden usar diversos vehículos para llegar a los usuarios. Podría ser cualquier cosa, cualquier medio alternativo, por ejemplo la red (WWW). Sin embargo, el multimedia se concreta en la idea de portabilidad. El vehículo preferido es un producto unitario, completo que se lleva a cualquier locación. Por eso, a veces, se confunde entre el disco compacto o el DVD y el multimedia que ellos llevan dentro (del que son su vehículo o substrato). Hoy, lo normal es que los multimedia requieran acceso mediante recursos específicos en computadora, incluyendo la memoria, los programas (operativos y utilitarios) y los vehículos (CD, CD-ROM, DVD).

(Nota: en 2004 lo más común era utilizar discos compactos –CD-ROM–, con capacidad para hasta 700 Mb de información y hasta 80 minutos de música. En 2010, se utilizan las que llamamos –en Costa Rica–, llaves maya, conocidas en otros contextos como unidad o lápiz flash o USB, llave de memoria, pendrive o lápiz de memoria, etcétera. Existen con capacidad de memoria de 2, 4, 8 y más GB, aunque los tamaños más grandes pueden ser poco económicos. Para necesidades superiores, por ejemplo 500 o 640 GB, incluso un Tera, en 2011 se encuentran discos duros externos portátiles, de tamaño y peso similar a una cajetilla de cigarrillos).

Hay que distinguir entre multimedias, libros electrónicos y los archivos en formatos de documentos portátiles (PDF de Portable Document Format). Una breve lista de precauciones en la definición es útil.

  1. No todos los libros electrónicos son multimedios.
  2. No todos los materiales multimediales son libros electrónicos.
  3. El libro electrónico y la librería virtual no son una y la misma cosa.
  4. Un PDF es una alternativa de presentación y programación que puede utilizarse para almacenar y presentar textos, pero son apenas un paso preliminar en el desarrollo de verdaderos libros electrónicos.

(Nota: A partir de 2006 se empezaron a popularizar los denominados eBook o libros electrónicos. Este es un término ambiguo, porque se refiere tanto al equipo requerido para leer estos libros, como al contenido mismo. En otro artículo más reciente, profundizamos en el tratamiento de estos aspectos.)

El PDF es “un formato de archivo universal que conserva todas las fuentes, formatos, colores y gráficos de cualquier documento”…  “y cualquiera los puede compartir, visualizar, explorar e imprimir tal y como fueron creados” (http://www.adobe.es/products/acrobat/). Es decir que el PDF no es otra cosa sino el mismo libro que se imprime sin que se le añada ninguna otra característica más que la opción de guardarlo y recuperarlo digitalmente. No existe ninguna diferencia importante entre un PDF y un libro en papel. Prácticamente son la misma cosa. Pero en eso mismo radican sus ventajas, aunque muchas no difieren de las de otros materiales, como los multimedia.

  1. Su costo y procesamiento técnico a partir de las artes finales de libro es prácticamente insignificante (no requiere desde el principio un procesamiento especial para mostrarlo en la web ni para el CD).
  2. No tiene que esperar su impresión para ser publicado y su contenido se puede actualizar constantemente.
  3. Se puede imprimir de forma digital completo o por partes y no requiere de un software especial para hacerlo.
  4. Puede ser manipulado igual que el libro y admite herramientas de búsqueda y manejo del contenido más completas y personalizadas.  Se le pueden incorporar sonidos e imágenes vectorizadas, puede ser leído y escuchado.
  5. Su formato es universal (PDF) y el software de lectura es gratuito.
  6. Es compacto y ligero (un CD podría contener la mayoría de los textos de una carrera. Esto, sin embargo, es ilusorio. Tal vez puedan comprimirse todos los “libros de texto” de una carrera en un medio así, pero ciertamente no podrá esperarse aprendizaje significativo en un profesional “empacado” como PDF.
  7. El administrador puede restringir la lectura o la impresión.

Aún así, los PDF son muy diferentes a los multimedias en general. La primera diferencia es lógica y radica en las decisiones de diseño con alternativas de software diferentes. Se trata de la presencia de un concepto de diseño que lo aparta, sistemáticamente, de la lógica lineal propia de un libro impreso: son dos semánticas diferentes, la del libro y del PDF es la propia de la lengua escrita; en cambio, la del multimedia es esencialmente gráfica e hipertextual, pero sobre todo holista. Por eso, un PDF no ofrece las posibilidades pedagógicas que si son posibles en una interfaz construida como instrumento multimedial para el aprendizaje.

Es decir, pueden hacerse libros electrónicos distintos como verdaderos multimedia, o sea, no es cierto que el formato PDF sea el propio y común de los libros electrónicos. Pero, hacer materiales multimediales más allá de la lógica lineal del texto convencional requiere inversión adicional en recursos de toda naturaleza: software, diseño, tiempo. Su costo es alto. Se requiere tiempo para la inducción y el entrenamiento de los autores que tienen que modificar sus estructuras mentales para poder pasar a producir redes conceptuales antes que secuencias de textos, para poder establecer las relaciones relevantes entre todos los componentes del texto más allá de la estructura de los capítulos y las secciones. Deben entrenarse los productores y los editores. Se requieren plazos de producción que faciliten la creación de metáforas pedagógicas dentro de la epistemología indicada. El costo es alto porque el producto es diferente y diferenciado.

También se pueden realizar materiales multimedia a partir de los artes finales de un libro. Sin embargo, esto es cierto solo excepcionalmente: en aquellos casos en que la estructura del libro se parece a un guión o a una secuencia de páginas de red informática (como las de Internet). Lo que sucede es que un verdadero producto multimedia, desarrollado bajo las condiciones de exigencia pedagógica propias, no puede reproducirse como si fueran fotocopias.

La calidad del texto escrito determina la calidad de los materiales

Una condición que es determinante de la bondad de todos los recursos didácticos es la calidad intrínseca –propia, interna– del texto escrito en que se basa el producto. Esto es más delicado en el caso de los materiales multimediales, porque al integrar diversas tecnologías se incrementa exponencialmente el riesgo tanto de error como de acierto. En la experiencia nuestra en la UNED (Costa Rica) no se registra ningún caso en que exista total independencia en la concepción del multimedia respecto de materiales convencionales para cursos tradicionales.

Dos condiciones surgen aquí como imperativos de la calidad. La primera tiene que ver con el texto en sí mismo, que debe que ser veraz, relevante y completo, además de estar bien escrito, con buena ortografía, gramaticalmente correcto y con manifiesto poder comunicativo.

La segunda se relaciona con el compromiso y las competencias del autor o los autores. Si el autor escribe sus páginas bajo la idea de que el texto convencional, por arte, casi, de magia, se convierte en un material que puede leerse en otro medio, toda la producción sale perdiendo. Esa ha sido la principal razón por la cual se completan menos proyectos de elaboración de materiales multimedia de los que se inician.

Todo el personal responsable, y en forma especial los autores y los productores editoriales y revisores de texto, tanto especialistas como filólogos deben estar dispuestos a comprometerse con un contrato especial de producción que significa y demanda la realización multimedial.

Por otro lado, volviendo a la calidad del contenido, son muy importantes las tareas de documentación y levantamiento de información sobre el tema. Es obligatorio que la información escrita sea verificada. Debe comprobarse su veracidad, su relevancia y su actualidad. Debe procurarse que sea exhaustiva y que no atente, en forma alguna, contra derechos esenciales de los individuos. Debe buscarse su presentación en función de los objetivos de aprendizaje y debe matizarse en función de las audiencias posibles. También hay que custodiar la profundidad y la amplitud con que se va a tratar el tema, todo bajo normas de coordinación con otros cursos, dentro de la totalidad de la carrera y a la luz de las condiciones de programación acordadas por las autoridades universitarias. Todo este es trabajo que compete al autor principal con la ayuda de los especialistas. Por eso, la selección y los términos de referencia de ellos consisten en una condición de calidad que se entiende como determinante y necesariamente previa a la producción del material multimedial.

El uso de técnicas alternativas de exposición es recomendable. En la preparación de multimedia, contar con muchos textos alternos sobre el tema constituye un activo importante. Dada la hipertextualidad, la forma en que pueden usarse es múltiple y puede ser muy rica si esos textos se han elaborado usando recursos como las metáforas y otras formas o figuras literarias. Los temas pueden presentarse recurriendo a historias, anécdotas o descripciones de situaciones cotidianas. Este tipo de recursos favorecen la identificación de los usuarios porque mueven sus emociones y sus sentimientos, creando empatía y complicidad, lo que favorece la exploración y el uso del multimedia, por los estudiantes. A pesar de la importancia de custodiar la veracidad y la verosimilitud, estos recursos son importantes, dada la frialdad implícita en la comunicación vía máquinas y medios electrónicos.

El guión es una condición de calidad de los materiales didácticos

Muchas de las preguntas relacionadas con el contenido del multimedia se resuelven cuando la planeación se lleva al nivel o ámbito operativo. El instrumento más popular y cuya utilidad práctica ha sido probada reiteradamente, es el guión multimedial (análogo en todo sentido al guión escénico o fílmico, en los medios de referencia). Aunque cabe reconocer temprano que, en algunas actividades, se ha difundido una especie de rechazo a la disciplina de trabajo que se adquiere al adoptar y utilizar guiones.

En el diseño de materiales multimediales el guión puede prepararse como una secuencia de pantallas (o páginas, llamadas a veces páginas “web” o páginas de hipertexto, por analogía con esos medios o por el uso de recursos usuales de esos medios). Un guión, para ser efectivo, debe ser bastante más de lo que se conoce, en otras subdisciplinas, como “story board”. Conviene evitar la idea de utilizar páginas con facilidades elementales de presentación, como las versiones elementales de Power Point, las que a veces se conocen como “karaoke power point”.

Para preparar el guión (con Flash, por ejemplo), puede ser de gran utilidad el uso de mapas conceptuales; de estos, unos pueden dedicarse a la enumeración de contenidos y los enlaces entre ellos; otros, más especializados, servirán como lista de comprobación de los contenidos típicos de las páginas. Unos se relacionan con componentes de texto, audio y video, así como animaciones. Otros se referirán a la navegación y contendrán menús e instrucciones de navegación entre textos, entre páginas y otras.

Sobre características específicas, por ejemplo tipografías (o recursos tipográficos de hipertexto), colores, resolución gráfica, tiempo estimado de las animaciones, entre otras, aunque pueden sugerirse desde la elaboración del guión, conviene reservar el juicio y las decisiones finales sobre ellas para las etapas de diseño y control de calidad.

Dos restricciones han mostrado ser de principal importancia al iniciar la preparación del guión. La primera consiste en que aunque se cuente con un inventario detallado de todos los contenidos deseables por incluir en el multimedia, ningún material educativo puede satisfacer todas las necesidades formativas de la audiencia ni los deseos e intereses de los curriculistas. Así, la preparación del guión implica la selección de ciertos contenidos al mismo tiempo que la posposición de otros. La segunda es que el guión es un instrumento que tiene capacidad limitada para administrar los listados de contenidos y las actividades que en relación con ellos pueden organizarse. De manera que el guión no será nunca un asistente perfecto, pero su ayuda será invaluable para establecer la relevancia de los contenidos, así como límites significativos para su desarrollo. La importancia de su papel se hace evidente cuando se considera que muchos instructivos multimediales se conciben con la intención de dotar a los estudiantes de información y formación, con la pretensión de sustituir, con la autoayuda y con el medio electrónico, los recursos típicos de la clase tradicional, incluida la función docente.

El guión puede ayudar a controlar el balance y el ritmo del multimedia. Dadas ciertas restricciones de calidad particulares, la incorporación de segmentos de video en los materiales multimedia sigue siendo restringida, pero los productores y los realizadores de la UNED (Costa Rica) están conscientes, gracias a la disciplina del uso de guiones, que la imagen y el sonido merecen la misma importancia que el texto escrito, que el valor comunicativo de todos los medios, en conjunto, sensibilizando todos los sentidos del usuario, es superior, al uso desbalanceado de los recursos.

A lo anterior debe agregarse el manejo del tiempo. Para cada una de las páginas, en el guión, conviene establecer los segundos que deben durar las animaciones y las cortinas, así como estimaciones realistas de los tiempos de lectura o de atención exigida por los mensajes de voz. La brevedad de la exposición ha probado ser valiosa, pero tampoco deben sacrificarse la claridad y la plenitud de los mensajes. En resumen, un buen multimedia integra, en forma balanceada y oportuna, todos los elementos y este control arranca desde la formulación del guión.

Una advertencia que conviene recordar en este punto es que el multimedia (y por tanto el guión) no debe ser una respuesta exhaustiva a todas las necesidades de información y de formación requeridas por los estudiantes. En realidad una de las fortalezas esperadas de un material de este tipo, es su capacidad de sugerir y orientar nuevas búsquedas de conocimiento en otras fuentes, así como el interés por poner en práctica y comprobar, mediante la experimentación, los contenidos del aprendizaje.

La calidad del material didáctico

 

Una versión más extensa, base de esta propuesta, se encuentra en Condiciones de Calidad de la Producción Multimedial publicada en la Memoria del X Encuentro Iberoamericano de Educación Superior a  Distancia “Calidad, tecnología y valores”,  AIESAD-UNED, San José, Costa Rica, julio  de 2003.

Todo material educativo debe ser desarrollado con base en un plan de producción. Esta es una “condición de calidad” que se evidencia, como otras, en la evaluación. Los tres componentes o variables esenciales de una estrategia de producción basada en el plan –y en el guión que se deriva– son: determinar los objetivos, identificar el mercado o audiencia y establecer la naturaleza del producto.

El primer paso relevante es la identificación correcta de la audiencia. La cuestión crítica es ¿A quién se dirige el producto?, y responderla consiste precisamente en elaborar un perfil, tarea a la que pueden contribuir, eficazmente, las siguientes preguntas:

- ¿Cuáles son las necesidades educativas que se pretende subsanar?

- ¿En qué curso o cursos se va utilizar el material?

-  ¿Cuál es la relación de este curso con otros (requisitos, correquisitos) en el programa de la carrera?

-  ¿Cuál es el grado de alfabetización tecnológica que se espera cuenten los estudiantes?

-  ¿Cuál la accesibilidad a equipos?

-  ¿Cuál es la edad y el sexo de los alumnos? ¿Hay diferencias importantes?

-  ¿Dónde viven?

-  ¿Cómo afectan el uso las condiciones sociales, geográficas y demográficas?

Un ejemplo de una experiencia temprana de la producción de multimedios en la UNED (Costa Rica) ilustra la trascendencia de estas interrogantes. Interpretar adecuadamente las necesidades distintivas, al mismo tiempo que las competencias y el nivel socioeconómico de los estudiantes significó, para el Programa de Producción Multimedial (PEM) allá por el año 2001, escalar una espiral acelerada de aprendizaje.

Para el Curso Introducción a la Educación Especial se preparó la entrega total de la docencia y los materiales utilizando el sistema de cursos en línea mediante la plataforma Microcampus. Se habían dispuesto dos condiciones previas de calidad: 1. Se debía cumplir con todos los principios del diseño, particularmente la planificación a que hacemos referencia aquí, y 2. Todos los materiales tenían que reflejar una unidad del diseño gráfico cuyo punto de partida era la interfaz (pantalla y marcos de apertura y navegación principal del producto).

Una vez concluida una versión aceptable, se ofreció el curso a los estudiantes bajo esa modalidad, pero se presentaron quejas por falta de acceso a equipos comunicados a la red. Se procedió entonces a preparar el “curso” (o la parte significativa del material) como un multimedio y se distribuyó a los alumnos en un disco compacto, pero se presentaron quejas de nuevo, ahora porque no contaban con lectoras de CD en sus equipos. Finalmente, autores y productores se vieron obligados a elaborar una antología impresa, para el uso de los estudiantes que rechazaban recurrentemente los nuevos medios.

La segunda variable del plan se refiere a los propósitos que se pretenden alcanzar con el material. Se trata de especificar las necesidades educativas por cubrir. Es cierto que las condiciones sociales así como el perfil profesional de salida de los graduados son importantes, pero, en este punto, lo que se busca es puntualizar cuáles finalidades educativas concretas se persiguen y en qué forma responde el diseño –de manera realista y exclusiva– a esos objetivos.

Dadas la flexibilidad y la magnitud de memoria del medio, puede pensarse en ofrecer la totalidad de los materiales y las ayudas requeridos para un curso incluyendo guías de investigación y de trabajo en grupo, los ejercicios y sus solucionarios, numerosas ilustraciones y ejemplos, fuentes alternas y bibliografías, incluso con acceso a Internet mediante hipervínculos–. En 2001 pensábamos que todo esto lo podíamos colocar en discos compactos, en 2011 creemos que podemos producir para medios móviles de gran autonomía, como las tabletas (iPad y Xoom típicamente).

En algunos casos, el material multimedial puede ser estrictamente un apéndice para un curso, un ciclo de conferencias, o un libro de texto (reelaborado a partir de una unidad didáctica impresa, por ejemplo). En el PEM se han realizado diversos tipos de experiencias: desde productos semi-enciclopédicos hasta instrumentos prácticos como glosarios. Hoy, en los proyectos especiales se cuenta con realizaciones que obedecen a una lógica más amplia y ambiciosa, como el Observatorio de Tecnologías Aplicadas y algunas bases o repositorios.

También se han preparado versiones multimedia de varios libros de texto (Atención del Niño Excepcional, Internet llega al Aula, Historia del Arte, Especies Menores, etcétera). En estos casos la finalidad predominante ha sido, hasta ahora, la sustitución de la lectura en el medio impreso por la lectura en pantalla. El concepto, el diseño y la apariencia estética de este tipo de productos no son muy diferentes a las características de los textos impresos. Tal vez la principal diferencia radica en las facilidades de “navegación” entre tema y tema, saltándose la linealidad de los capítulos numerados sucesivamente.

La tercera variable del planeamiento tiene que ver con el contenido del multimedia: ¿Qué? es el interrogante central, acompañado de las preguntas: ¿Cuál es el tema? ¿Cuál la extensión? ¿Cuál la profundidad del tratamiento?

El reto mayor que se enfrenta es responder por la pertinencia. Representar y explicar cierto objeto de conocimiento (la materia o el contenido) como parte de una “realidad virtual”, utilizando estrategias y recursos de diseño integradores (propios de las teorías del diseño universal y del diseño emocional) plantea un problema epistemológico: ¿Se trata de la misma realidad? ¿Es idéntica? Es decir emerge la duda sobre la naturaleza de la construcción virtual y sobre su valor como representación. Este ha sido un desafío medular de la teoría del conocimiento desde su origen, el lenguaje siempre se ha entendido lejos de la reproducción analógica (excepto por el experimento en la escuela de idiomas en la Isla de Laputa que describe Gulliver, el cual consistía en usar, para hablar, las cosas en lugar de los nombres de las cosas).

Sin embargo, a pesar de la importancia del problema epistemológico y del impacto práctico de la pertinencia, este no es el espacio para continuar su discusión. Hay otros temas más urgentes.

La siguiente cuestión consiste en la delimitación del objeto o segmento de la realidad que se trata como independiente a la vez que susceptible de ser reducido (o maquillado), mediante el lenguaje propio del medio a utilizar para la difusión y usando los recursos técnicos disponibles. Este proceso de elaboración de una semántica propia del material multimedial se caracteriza por la selección de las características del objeto en consonancia con las facilidades de diseño (las limitaciones del programa autor, es otro modo de verlo). Una fase crítica es la identificación o creación de una metáfora pedagógica adecuada.

Entonces, hace poco más de 10 años, expusimos en sus versiones tempranas este concepto. Descubrimos el valor de la metáfora pedagógica como el elemento comunicativo, usualmente gráfico, a veces animado, que trasmite de manera sucinta y reiterada el mensaje educativo central del multimedio. Parte de su aporte formativo consiste en que refuerza, mediante la repetición, el mensaje y los contenidos, contribuyendo al aprendizaje y a la internalización de los conocimientos, los valores y las conductas que, simultáneamente, se comunican mediante otras formas semánticas. Parte, en que atrae, guía y enamora, al estudiante o usuario, haciéndole fácil y rica su relación con el medio y con el objeto de conocimiento.

En el PEM aprendimos rápido su contribución al diseño gráfico. En Atención del Niño Excepcional, libro electrónico ya citado, permitió crear un marco dinámico, que le daba unidad al material y que hacía fácil la lectura “suavizando” los efectos brillantes de la pantalla. En Internet llega al Aula, la metáfora facilitó la construcción y la presentación de índices, menús y botoneras para la navegación dentro del multimedia. Formas elaboradas de la metáfora (lápices de color, en este caso) permiten a los lectores distinguir textos vinculados con el mensaje principal, pero que responden a otras finalidades didácticas. En Historia del Arte son parte de la iconografía que compone los instrumentos para la navegación dentro del texto, como las puntas de piedra tallada que sustituyen a las flechas direccionadoras convencionales.

Si la creación de materiales multimediales fuera simplemente análoga a la creación artística, la libertad de los productores y diseñadores sería casi total. Podrían reflejar en el producto sus inclinaciones y deseos personales; o podrían recurrir a él con intereses casi periodísticos, por ejemplo, para representar la actualidad, la novedad o el conflicto de las temáticas. Sin embargo, los valores predominantes en la producción con fines educativos son el propósito y el interés formativo, así como la estética al servicio del mensaje y no con propósitos lúdicos y autocomplacientes.*

*       Lo que, sin embargo, no debe menospreciarse. Hemos comprobado reiteradamente que una de las experiencias más valiosas que se había construido en el PEM era la de disfrutar plenamente los diversos momentos de la producción. No es solo el placer de ver un producto hermoso terminado, sino el gozo socializado que suscita el proceso de creación.

¿Cuánto cambió de 2005 a 2011?

Pareciera que no ha cambiado nada.

En diciembre de 2005, como parte del informe anual de la Dirección de Producción de Materiales Didácticos de la UNED (Costa Rica), escribimos las líneas que se reproducen abajo. Preliminarmente es conveniente recuperar y recordar la finalidad de estos trabajos. Se trata de “producir materiales didácticos para el uso en las diversas actividades académicas y programas de formación ofrecidos por la Universidad”.

Y, de seguido, la introducción al informe: “El contexto en el cual se producen y hacia el cual se destinan las unidades didácticas ha cambiado radicalmente en los últimos años: la sociedad ha evolucionado hasta convertirse en un mundo altamente comunicado, en el que predomina la riqueza y la diversidad de los elementos gráficos. Los programas educativos y las audiencias matriculadas en ellos acuden cada vez más a estos elementos que combinan y utilizan recursos metafóricos, audiovisuales, icónicos, muy económicos pero altamente representativos, para acometer todos los procesos comunicacionales relacionados con el aprendizaje.

En los últimos años éste ha sido, fundamentalmente, un cambio tecnológico, pero cada vez se internaliza y se difunde más como un cambio cultural. La digitalización de la información ha sido el cambio científico más importante; su transparencia, el resultado cultural inevitable. Hoy, nuestras audiencias no solo tienen acceso a los medios –teléfonos, terminales automatizadas, computadoras, salas de video y de Internet, televisión por cable, MP3/Ipod, agendas electrónicas– sino que esperan, a veces impacientemente, que todas sus demandas y necesidades sean satisfechas por vías que utilizan esos recursos.

El futuro de la comunicación que profetizaban McLuhan y Toffler ya nos ha alcanzado. La Universidad no puede, no ha podido y no debe escapar de esta invasión transformadora. Por eso, en los años recientes, la producción de materiales didácticos ha evolucionado de una manera firme e ineluctable hacia una diversificación de la producción, al mismo tiempo que se ha visto obligada a aprender filosofías de la producción comunes y, en consecuencia, a integrar las técnicas y los recursos para la realización de los materiales.”

En este año, se crearon y fortalecieron en la Dirección (DPM) la producción de ayudas multimediales, el sistema de videoconferencias y la plataforma y los sistemas de aprendizaje en línea. Con esto se intentaba atender las transformaciones sociales enumeradas. También se desarrolló y robusteció el concepto de unidad didáctica de calidad, cuya principal característica consiste en la integración de los resultados de las diversas áreas productivas. Las tareas más importantes realizadas en la DPM en este periodo se relacionan precisamente con la definición de estrategias y programas orientados a entender y aprovechar de la mejor forma los cambios que se han reseñado. Dentro de ellas destacan: la discusión y adopción de una filosofía y un modelo de producción de calidad junto con el establecimiento de un sistema de control de calidad; adopción del concepto de unidad en el diseño, común a todas las dependencias; y del enfoque de la multimedialidad de todos los productos; distinguir en cada uno de ellos la riqueza icónica, así como el valor y la importancia central de la metáfora pedagógica.

Adicionalmente, se consideraba de vital importancia reconocer y promover la función docente en relación con todos estos cambios, de manera que se provocaran seminarios, presentaciones y discusiones sobre diseño (curricular y gráfico) en todas las unidades de la universidad interesadas en la producción. En un orden más práctico se proyectaba un proceso continuo de mejoramiento integral de la DPM y un plan de modernización a realizar en tres años, así como un programa de capacitación de todos los funcionarios, que incluía metas individuales de posgrado con base en perfiles personales así como la generalización de destrezas en diseño y en formación editorial.

En este periodo ya se encontraban avanzados los proyectos de adopción de una nueva plataforma de aprendizaje en línea, junto al fortalecimiento y la modernización de un sistema propio (microcampus). De la misma forma se había logrado el apoyo de la Rectoría de la Universidad para la digitalización de todos los productos de Audiovisuales y de Videoconferencia. Como puede verse, son esas las mismas tareas en las que la DPM se encuentra comprometida hoy, en 2011.

La unidad didáctica hoy

Esas áreas de actividad en que nos hemos especializado durante los últimos años, empiezan a reconocerse, cada vez más, como si fueran disciplinas o campos de actividad profesional. Nos referimos a la educación a distancia y a su correlato natural, la producción de materiales didácticos.

Y, en ellos, al tratar de explicarlos, entre las evidencias llamativas encontramos la naturaleza y la profundidad del cambio tecnológico a que se han visto sometidos. Una observación medular es que la digitalización ha hecho posible un lenguaje único para la fotografía, la edición, la televisión y la comunicación en redes. Hoy no existen barreras tecnológicas entre las tareas de editar e imprimir un libro, difundir un programa de radio, ofrecer una tutoría en línea o producir y transmitir una videoconferencia, entre otras.

Sobre la evolución de los sistemas de educación a distancia hacia el futuro, es característico también el concepto de unidad didáctica que se ha venido construyendo y consolidando a lo largo de los últimos años.

En el centro del proceso pedagógico se percibe, como elemento pivotal, el texto escrito. A lo largo de la historia de la educación, se ha asumido que los estudiantes aprenden de la lectura y se ha procurado, entonces, poner en las manos de ellos, mediante las tareas propias de la producción académica y, eventualmente, de tipo editorial, textos educativos, es decir, la unidad didáctica impresa.

El texto impreso ha sido hasta hoy el medio dominante, y en esta nueva etapa, no se anticipa que vaya a desaparecer (con certeza, la mayoría de nosotros no consideramos deseable su desaparición). Pero sí podemos afirmar que numerosos y significativos cambios que se están presentando en el contexto, auguran un cambio notable en el diseño y la presentación de los materiales, sobre todo los escritos.

La normativa y la estrategia de las universidades han empezado a reconocer el nuevo carácter de la unidad didáctica. En la UNED (Costa Rica) el cambio de concepto de paquete instructivo a unidad didáctica modular anunciaba una tendencia, prevaleciente durante el pasado quinquenio, hacia una presentación distinta de los materiales destinados al aprendizaje.

Contexto socioeconómico

Un número reducido de factores que tipifican la economía educativa actual destacan como el centro del diagnóstico. Es relevante, primero, la multiplicación de la oferta de varias universidades que compiten mostrando singular propensión a utilizar tecnologías y herramientas que parecieran propias de la educación a distancia.

En segundo lugar, el incremento en los costos de transporte (precios de petróleo, escasez de energía) y otros indicadores en relación con el deterioro y la desaparición de los recursos naturales, han propiciado el surgimiento de un nuevo paradigma socio ético en relación con la conservación y el reciclaje.

En forma paralela, el incremento en los costos asociados a la producción de unidades didácticas en soporte “duro” –papel o similar–, en comparación con costos más bajos y otras ventajas en alternativas más “suaves”, permite concluir que la producción y la difusión de las unidades didácticas usando medios tradicionales tiende a hacerse menos compatible socialmente.

El contexto de tarea

En los campos de la comunicación y la producción editorial, y en los subcampos del diseño gráfico y de la impresión, se ha dado una profunda revolución tecnológica en los últimos años. Muchas de las tareas que eran estrictamente mecánicas y propias de técnicas manuales, son realizadas ahora por medio del manejo digital de la información. Pero, además, en los recursos tecnológicos, lo único que es recurrente y acelerado es el cambio mismo.

Hoy, las competencias profesionales y técnicas requeridas para la producción de materiales significativos no son exclusivas de un individuo único, capaz de escribir y editar una obra que llene todas las exigencias de la tarea. Ahora se impone la interdisciplinariedad: una unidad didáctica demanda la participación de diversos especialistas, uno o más autores, guionistas, editores y productores académicos, ilustradores, dibujantes, camarógrafos y fotógrafos, diseñadores y realizadores digitales. La noción de un autor que escribe el texto y que es responsable y dueño de la obra está siendo sustituida por la noción del equipo de trabajo, el equipo de producción.

Poner en manos de los estudiantes los mejores materiales didácticos es un reto que exige, para cada uno, una estrategia de producción. Ya desde aquí se destaca la importancia que van a tener las tareas del diseño (curricular, gráfico, integral) de los materiales. Es relevante la relación entre imagen y educación; una de las características más notables de la sociedad actual es el papel de lo visual, del color y del movimiento, como recursos preferidos de la comunicación. Además, el mensaje tiende a ser fluido, transitorio, fugaz. Se ha producido un cambio mundial en el concepto y el impacto de las comunicaciones: el mundo es icónico, existe un imperio de las metáforas gráficas y se impone la comunicación mediante la imagen.

El libro tiene que integrarse con los otros medios. Es más, ya ha desaparecido la diferencia entre medio y contenido, y la metáfora pedagógica asume el papel de un hilo conductor entre las distintas formas y presentaciones del material didáctico. Hay fluidez entre el libro, el multimedia y las videoconferencias, y entre éstos y los portales y las páginas WWW. La metáfora opera como motor del diseño: la imagen habla y enseña, y por eso ahora es parte del proceso y de las tareas de la producción académica.

Debe considerarse, finalmente, la construcción de una cultura de la calidad, comprendiendo la vocación de calidad y el control de calidad de los materiales, pero, esencialmente la evaluación interna de programas y carreras, a la par de los sistemas externos de acreditación. Este es un aspecto cuyo arraigo no se ha consumado en la UNED

Balance del diagnóstico

La anticipación de los desarrollos futuros, invadir el mundo incierto y desconocido de la tecnología es, ahora cada vez más arduo, pues los retos fáciles de identificar se han dilucidado de manera impresionante. Hoy ya no reconocemos límites en las “interfases” de entrada y salida de datos, se puede digitalizar información obtenida de prácticamente cualquier fuente, no hay restricciones de tamaño y velocidad y, casi, ni de precio de los equipos. Por eso, el reto futuro nos orienta preferentemente hacia el uso de los medios, lo que, nos remite a distinguir al diseño como centro del proceso.

Lo más importante, como hemos visto, es que la digitalización ha hecho posible un lenguaje único para todos los medios y todos los materiales. Así, la integración de elementos resultante hace que desaparezcan las diferencias entre el diseño, los medios y los materiales: todo es diseño. Una advertencia esencial es que no deben considerarse los recursos actuales como infinitos y atemporales. Sin variaciones sustanciales en lo señalado, las formas se empiezan a multiplicar. Hoy son una realidad, por ejemplo, la coexistencia del video y la fotografía en un mismo equipo, la audio o videoconferencia por teléfono digital; y la reproducción impresa de fotografías desde el medio de captura.

Se impone organizar equipos de trabajo para acometer el desarrollo de unidades didácticas como proyectos interdisciplinarios; en ellos deberán incorporarse no solo los diseñadores y productores, sino también los especialistas y encargados de las cátedras. Estos proyectos deberán funcionar además como talleres de aprendizaje y de entrenamiento mutuo. A las unidades didácticas integradas que resulten de este sistema de producción, deberá hacérseles seguimiento constante, deberá sometérseles a control de calidad y se les deberán aplicar evaluaciones de proceso y de resultados. El modelo y las tareas de evaluación deberán proveer realimentación para afinar el proyecto.

En todas estas disposiciones es indispensable respetar las competencias y los deseos de los distintos individuos y grupos profesionales, a efecto de que la integración de esfuerzos resulte de un compromiso consciente y convencido y del deseo de compartir las experiencias con otros y de la aspiración de potenciar la creatividad individual y grupal, y su valor como aporte a la educación y a sus finalidades.

Nuestra razón y nuestra motivación son los estudiantes

En la educación universitaria a distancia, la primera y más importante de las políticas de producción de materiales educativos se relaciona con los estudiantes como público privilegiado de los productos y de los medios utilizados para la transmisión del conocimiento.

Todo –políticas, decisiones, procedimientos y aplicaciones– deberán estar orientadas por el uso y el aprovechamiento de los materiales que pueda hacer, oportunamente, el estudiante. Contenidos y medios deben ser eficaces, cumpliendo con el objetivo principal de transmitir conocimientos. También deben ser agradables y eficientes: deben propiciar en el estudiante el mejor provecho de los recursos al mismo tiempo que disfruta y goza de los contenidos y su presentación; los materiales deben hacer del aprendizaje un proceso amigable y fluido. Más puntualmente: los estudiantes merecen profundo respeto intelectual, de manera que no se les deben asignar materiales de dudosa calidad, productos a medio terminar o carentes de la pertinente evaluación de calidad.

Una tesis y una estrategia que ha sido característica de la Dirección de Producción de la UNED (Costa Rica) en los últimos años es la redundancia, que consiste en propiciar que el estudiante disponga siempre de una manera alternativa para llegar a los contenidos de los cursos y que encuentre fácilmente criterios que le permitan escoger la que sea más conveniente (relevante, oportuna y económica) para facilitar el logro académico. Se trata también de que la exposición a los contenidos por un medio (televisión o videoconferencia, por ejemplo) refuerce la adquisición de los mismos contenidos por los otros (como el texto impreso o los recursos multimedia).

También es muy importante la preeminencia de la teoría del diseño (universal) en respuesta a una sociedad que se caracteriza por la comunicación icónica y gráfica. Esa teoría provee el marco conceptual, que orienta las decisiones estéticas, de mediación y de contenido. Este es un tema que en diversos artículos y conferencias hemos tratado en extenso, pero cabe recordar que algunos de los elementos centrales son la explotación de los aspectos lúdicos y estéticos de la presentación de los materiales como recurso didáctico y el uso estratégico de las metáforas pedagógicas.

En el proceso de producción, esta filosofía obliga a propiciar e impulsar el diseño integrado a cargo de equipos de trabajo. A estos grupos de profesionales deberá proveérseles de capacitación permanente en diseño instruccional, con la estética como valor predominante en la propuesta pedagógica. Idéntica estrategia de contenido debe enmarcar las pautas para el reclutamiento de personal.

Habrá que desarrollar y mantener proyectos de búsqueda e investigación de las nuevas ventanas tecnológicas; la producción de materiales didácticos debe ostentar marcado liderazgo en innovación tecnológica aplicada. Esto exige un sistema proactivo de control de la obsolescencia que englobe a todas las secciones y a todos los elementos, incluyendo no solo equipos, sino software, especialmente las plataformas de aprendizaje en línea y, sobre todo, la visión actual y prospectiva del material didáctico. La más costosa desactualización es la obsolescencia epistemológica.

Por último, pensar en el estudiante como el destino principal de la producción didáctica exige fortalecer la cultura de la calidad. Hay que pensar en “la calidad” como lenguaje. Hay que crear programas de capacitación y difundir las buenas prácticas y las normas aceptables y competitivas. Hay que elaborar criterios de evaluación de la calidad y preparar nuevos o actualizar los manuales existentes. Hay que sistematizar los procesos de producción. Y, finalmente, pero no menos importante, hay que desarrollar una disciplina y un sistema para la validación experimental de los productos.